Dime qué lees y te diré de qué pie cojeas

Decía yo en mi anterior entrada que todavía no tenía calá a la Patricia, mi jefa laboral. Pues resulta que a base de limpiar el polvo, el suyo en concreto, la voy calando. Quiero que quites el polvo en profundidad a la estantería de mi dormitorio, me dijo con ese tonillo suyo entre majo y tirano que se gasta. Y a ello que me puse subida a la escalera con todo mi peso pesado. Ten cuidado no te vayas a caer que la escalera está un poco inestable, me advirtió ella en plan qué buena soy y cuánto me preocupo por mi empleada doméstica del hogar. Pues compra otra que no se menee tanto, pensé yo para mis interiorismos, que por dinero no será. Claro, como ella no se sube, no percibe el peligro real que la escalera entraña. Y el peligro real es mucho, os lo digo yo,sobre todo sí se tiene una talla que no es la 38, ni la 40, ni…mejor no sigo.

Pero,en fin, tengo volumen pero también agilidad y con una mano me sujetaba a los estantes mientras con la otra iba apartando libros y pasando el trapo. Y así fue como conocí a mi jefa, relativamente, claro está. Así supe que la Patri (como yo la llamo en la intimidad ) tiene una vena mística de aquí te espero. O eso o que está muy mal, pero mal, mal. Porque si no, ¿a qué vienen tantos libros titulados “en busca de la paz interior, las 10 reglas del éxito o el camino de la esperanza” por poner tres ejemplos. Pues viene, me supongo yo, a que el que los lee no tiene ni paz interior, ni éxito ni esperanza porque si tuviera esas cosas no andaría leyendo libros que le dicen cómo conseguirlas. Esa es la idea que me hago yo de mi jefa laboral,que una mujer feliz, lo que se dice feliz, como  puedo serlo yo básicamente casi siempre, no es.

También he descubierto, y todo por el mismo precio, que es una seguidora del yoga,una disciplina milenaria, tal y como explica en uno de los libros que pude leer por encima mientras la escalera amenazaba con expulsarme de su seno. De esos libros de la disciplina milenaria tiene también a montones, que si práctico yoga en casa, que sí el yoga nuestro de cada día, que sí relájate con el yoga…eso sí que me hizo gracia, como que si yo tuviera su vida iba a necesitar el yoga para relajarme. En fin, cosas de la clase social alta. Y cierro ya que me tengo que poner a freír patatas para la cena. Dice la Esme que no comamos tantas patatas fritas, que mejor una ensalada de brotes de soja. Eso tú, Esme, guapa, que a mí para los sofocos todavía me falta mucho y tan bajo no he caído.

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