Día: 31 octubre, 2013

La Esme que los parió

Hoy he tenido el placer, por llamarlo de alguna manera, de conocer a los hijos de mi amiga Esmeralda. Vaya par de glorias benditas. La hija, que obedece al nombre de Anais (o más bien desobedece) es de la tribu urbana de los góticos y da pena verla. El hijo, que responde al nombre de Jonás, se ha apuntao a los Emos y da más pena, si cabe, que su hermana. La muchacha va toda de negro con los ojos y los labios como amorataos y el pelo largo lo mismito que una bruja,unas faldas hasta los pies y las uñas también de negro. Hablar no habló pero de vez en cuando nos miraba y como si fuéramos nosotras los adefesios en vez de ella, le daban ataques de risa nerviosa que terminaban en toses. El chico iba con un flequillo todo de medio lado tapándole un ojo y se le veía tan flaco y tan triste que me dieron ganas de darle un bocadillo de chorizo a ver si se reanimaba.

Dice su madre que no hay que hacerles mucho caso, que es la edad y que ya se les pasará aunque a veces no puede dormir pensando que se quedan así para siempre. Pobre Esme, la pena que me da. Si os digo la verdad se me han quitado por completo las ganas de tener hijos, mira que si nos ponemos el Toni y yo, con toda nuestra ilusión, todas nuestras esperanzas y todos nuestros desvelos y nos sale un espantajo como esos. No, si de pequeños eran muy monos, va y me dice la Esme como para justificarsre.

Que nos des dinero, suelta la gótica y al hablar veo que mastica un chicle negro. El emo va y alarga la mano como si fuera un pobre pero no se manifiesta porque, al parecer, los de su tribu siempre están con depresión y hablan entre poco y nada. Además tanto al uno como a la otra les molesta la luz del día y prefieren vivir en cuartos oscuros y salir sólo de noche. La Esme dice que hay que tener paciencia y memoria, que todos hemos hecho tonterías. Lo que ella quiera pero yo, a la edad de esos dos, ya andaba trabajando y no me daba por lo siniestro.

La Esme les soltó unos billetitos no les fuera a dar por hacer algo malo para conseguirlos, ese es su miedo y del mismo se aprovechan y allá que se fueron parque arriba, ella arrastrando los refajos negros y él los bajos de los pantalones y mirando el mundo na más que con un ojo. Qué piezas, pensé. Pero, no sé porqué, al verlos caminar así tan sin rumbo ni dirección me dieron lástima. Y a su madre más que se quedó toda espachurrá.

Venga, Esme, tú no te hundas que todos los males tienen remedio, le dije yo para animarla al tiempo que intentaba calmar al Jacobín que desde que se habían ido los siniestros no paraba de llorar en plan rabieta. Primero pensé que igual le iban a él también las tribus urbanas esas pero luego, al cogerle en brazos, noté que estaba muy caliente.

Este niño tiene fiebre,diagnosticó la Esme en plan madre experimentá, llévale a su casa y que apenque la Patricia. Y así lo hice. Por el camino iba repasando la tarde: góticos, emos, rabietas, fiebres…definitivamente no quiero reproducirme.

Paseando a mister Toni

La otra tarde, estábamos sentados en el sofá en nuestra postura básica -los pies sobre la mesa- cuando le digo al Toni: ¿por qué no salimos a dar una vuelta? Madre mía, ni que le hubiera preguntado que por qué no se abría en canal con el cuchillo ese tan majo que tiene de cortar jamones, que se lo regalaron en el bar del pueblo cuando se fue (sin jamón, eso sí). Que no y que no, que él no se movía de su sofá ni mucho menos salía a la calle, que estas calles eran muy feas, que estaban llenas de basura, olían mal y no había nada digno de ver en ellas y que pasear por estas calles le ponía enfermo y que bastante tenía con las idas y venidas hasta el bar y que para una tarde que libraba no la iba a desperdiciar tontamente dando vueltas sin sentido.

Bueno, hijo, cómo te pones, si yo te lo decía porque podíamos ver tiendas para entretenernos, alguna ferretería de esas que a ti te gustan o los escaparates con trapos que me van a mí o entramos en unos chinos y nos compramos unas tazas para el desayuno o un cacharro para meter la sal y matamos la tarde.

Que vaya plan,  que se estaba deprimiendo sólo de pensarlo, que no, que él no se movía del sofá y que no se le había perdido nada por esas calles. Y dale con las calles,la manía que ha cogido, pues por algún sitio tendrá que andar la gente, digo yo. Entonces, como le conozco y sé por dónde atacarle, me pongo: si lo digo por hacer ejercicio, que nos estamos poniendo muy gordos y cuando volvamos al pueblo nos van decir que volvemos peor de lo que nos hemos ido. No veas lo en forma que están mis jefes. Ahí sí ya mostró interés, que el Toni es muy envidioso, pero de siempre.

Bueno, dice levantándose, nos ponemos las zapatillas de andar y salimos pero nada más que hasta el parque ese del fondo y volvemos. Y a paso rápido. Y ahí que salimos en plan pareja que se entrena unida permanece unida pero no todo iba a ser bonito, eso es imposible tratándose del Toni. Ya nada más dar la vuelta a la manzana empieza conque huele mal, a meaos de perro y a tubo de escape, que que aire tan contaminado, que le pican los ojos y que si yo no notaba la contaminación y el mal olor. Y yo, pues yo no noto nada. Y él, qué brutita eres. Y yo, no entremos en insultos personales que yo no me he metido contigo y así hasta que llegamos al parque donde yo esperaba que se calmara al ver árboles y fuentes y plantas. Ilusa de mí, que si cuánta gente, que la naturaleza es para disfrutarla en silencio, que si cuántos niños dando gritos y cuántos borrachos bebiendo cerveza y que qué era ese pitido. Porque es verdad que se oía un piiii, piiiii, piiii…. Pues será un guardia de la circulación con un silbato. Pero no era eso, era un hombre renegrido tocando muy malamente, la verdad sea dicha, un flautín. Y el Toni ya desesperao, que se calle ese hombre, que es insoportable, que eso era una tortura y que cómo echaba de menos sus árboles del pueblo, sus calles limpias, sus pájaros y sus cielos y todas esas cosas como de poesías que le da por decir.

Total, que nos volvimos a nuestra postura básica del sofá. Así, Toni, le advertí, no nos vamos a poner en forma, tú veras. ¿Frío unas patatitas? , le dije por animarle que cuando lo veo tan decaído me asusto. Me contestó que sí con la cabeza y así estamos, en ese plan.