Estudiamos yoga

Seguramente porque ya está harta de tenernos en casa, la Patricia nos ha dado el alta. ¡Qué contenta iba yo camino del parque pensando en mi amiga Esme! El Jacobín también iba contento mirando todo lo de la calle y diciendo adiós a los autobuses, es un niño de exteriores, herencia del padre, me supongo. Tenía tantas ganas de hablar que al principio no me di cuenta de que la Esme no tenía buena cara pero al rato se lo noté. ¿Qué te pasa, Esmeralda, que estás tan amurriá? No sé, Evi, no sé, llevo unos días con ganas de llorar y enfadada con el mundo, serán las hormonas o serán mis hijos que no me dan más que disgustos, o será el estar todo el día detrás de este quiosco, sin ver más mundo que cómo se le caen las hojas a ese árbol, me falta motivación, no sé si me entiendes.

Pues mira, para que veas que pienso en ti te he traído una cosa que te va a gustar y me saqué del bolso el libro titulado “Yoga para principiantes” que con la falta de ética y profesionalidad que me caracteriza he sustraído (temporalmente, se entiende) de la estantería de la Patri. No es un robo, es un préstamo, eso quiero que quede claro.

La ilusión que le hizo a la Esme, que con ese libro nos íbamos a poner en forma y, sobre todo y lo que era más importante, que íbamos a ver la vida de otra manera porque, en realidad, no son las cosas que te pasan lo que importa sino cómo las interpretas. No sé dónde habrá leído esas tonterías la pobre pero yo no quise quitarle la idea. Y allá que nos pusimos a estudiar el yoga mientras el Jacobín se comía su heladito matinal.

Lo primero que aprendimos fue lo de respirar, eso lo veo básicamente fácil. Es coger aire y luego soltarlo pero hinchándote toda como un globo y desinchándote después. La Esme también lo pilló al instante, qué listas somos. Hicimos unas cuantas de esas respiraciones bien apoltronás en nuestras hamacas de detrás del quiosco mientras las hojas del árbol de enfrente caían y caían. Este es un momento bonito, Esme, le dije yo, ¿a que sí? Pues sí, yo ya me estoy empezando a encontrar mucho mejor, como si con cada expulsión del aire estuviera echando todo lo malo fuera de mí. Si hasta me está gustando el árbol, con la manía que le tenía hace un rato. Pues claro, Esme, la animé yo, y eso que no hemos hecho nada más que empezar, ya verás cuando aprendamos las posturas básicas. Se llaman asanas, me corrigió ella en plan enterada. Anda, ¿y tú cómo lo sabes? Primero porque lo pone aquí y segundo porque eso lo sabe todo el mundo. A veces se pasa de listilla pero como no quería fastidiarla en un día tan señalado no se lo dije, por eso y porque yo soy más de paz que de guerra.

Después de tener bien aprendido lo de la respiración pasamos a una postura, perdón, asana, que se llama la de la montaña y que consiste en na más que estar de pie toda tiesa mirando al frente. Parece fácil pero no lo es tanto, en el libro dice que hay que sentir el cielo por encima y la tierra por debajo. ¿Lo sientes, Esme? Ella decía que mucho y yo, para no ser menos, dije que también aunque, sinceramente, yo solo notaba que se me estaban cargando las piernas.

Después ya nos pusimos con otras más difíciles tendidas sobre el césped que estaba un poco húmedo. Hay que traerse unas mantas o algo, sugirió la Esme. No sé, hija, me está dando miedo que pase alguien y nos vea así, todas despatarrás detrás del quiosco. Pues a mí me da igual, yo soy libre y hago lo que quiero y sentido del ridículo no tengo que con los años se va perdiendo, ya lo verás. Al rato se nos unió el Jacobín que todo lo que sea revolcarse por los suelos y mancharse la ropa le atrae mucho y así pasamos un rato tan majo. Hemos aprendido la pinza, el arco, la cobra y el triángulo y ya nos íbamos a poner con la postura del cadáver pero se nos echó el tiempo encima y no pudimos practicarla. De todas formas, como digo yo, esa es la más facil, estar tumbada sintiendo que el cuerpo pesa y pesa, eso lo hago yo todos los días cuando me acuesto en la cama ¿tú no? No sé qué decirte, Evi, lo aparentemente fácil es lo más complejo. Pero de dónde se sacará esas frases la Esmeralda. No le llevé la contraria. Pues así será si tu lo dices. Traéte el libro otra vez mañana que tenemos que consolidar lo aprendido, se pone. Y además, añade en plan misterioso, que tengo un plan. Ya te lo contaré. Y con esa intriga y la chaqueta tizná de verde me he vuelto yo camino de casa de la Patricia.

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5 comentarios en “Estudiamos yoga

  1. La gente que, como la Esme, dice frases profundas, te hacen pensar mucho, lo reconozco. Sin embargo, cuando conoces profundamente a mucha gente que dice frases profundas, yo, la verdad, es que no les quito ningún misterio pero, por lo general, están medio gilipollas. Así que yo, cuando me viene a la cabeza alguna (frase profunda), me aguanto y me la callo.
    No sé si a ti te pasa. 🙂

  2. La frases profundas no siempre vienen de personas profundas, a veces si pero no siempre. Hay mucha necedad en el mundo. Pero es mejor no llevarles la contraria. Ya sabes, no discutas con un necio, te arrastará a su nivel y te ganará con su experiencia. Toma frase profunda jajajaja.
    Yo lo del yoga la verdad no me lo acabo de creer, pero conozco gente que lo practica y dicen que es la ostia.

    Abrazos

      1. No de quién es. Ahora no lo recuerdo pero la apunté un día en mi libreta de frases y desde entonces no se me ha olvidado.

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