Las variopintas

No sabía yo que la Patricia tuviera amigas, siempre la veo encerrada en el cuarto de sus menesteres dándole a la tecla. ¿Qué escribirá tanto esa mujer? Lo mismo también tiene un blog, lo que no sería raro dada la densidad de población de la blogosfera. Pero bueno, que excepto los miércoles a las diez y media que es cuando recibe a las señoras que mugen y aullan (las de la meditación), el resto de los días los pasa sola, claro que yo no veo lo que hace cuando no estoy de cuerpo presente. De todas maneras, me la tenía yo representada como del tipo de las solitarias.Y sin embargo, tiene amigas. Unas amigas, si se me permite la observación, muy raras. No digo yo que sueltas, de una en una me refiero, esas mujeres sean raras pero en grupo sí y eso se debe, en mi opinión, a que no pegan unas otras. Me recordaron, no se por qué, a esas pandillas de perros que se ve a veces en los parques, cada uno de una raza, tamaño y condición.

La Patricia las condujo hasta el salón principal y ella misma les sirvió unos tés y unos pasteles. Me hubiera gustado probar la faceta de doncella de casa fina pero se ve que a mi jefa laboral no le parezco lo suficientemente representativa porque me dijo, así muy seca, pónte con la plancha por el momento y cuando termines ya te diré. Traducido: largo de aquí y no cotillees. Así de un primer vistazo ya había hecho yo una primera ordenación del territorio: había una, muy alta y más flaca que el palo de la escoba que llevaba ya de buena mañana un collar de perlas colgando y una camisa con mucho volante al cuello, esa me pareció a mí la más finústica de todas, como marquesa o poco menos,  después la seguía otra vestida con un chándal y unas zapatillas de correr del modelo pija moderna, a continuación iba la de los colores chillones, santa María cómo iba vestida esa mujer, y qué de abalorios llevaba puestos, luego otra toda de negro con un pitillo en la boca y por último una con aires de maestra de escuela. ¿Pero qué pintaban esas mujeres con mi Patri? Todas le habían traído un regalo, lo que ellas llamaban “detallito” que resultaron ser más velas aromáticas (esta casa va a parecer una iglesia) y unos jabones.

Todo esto lo jipié porque me coloqué estratégicamente la tabla de la plancha para poder avistar el comportamiento de las pájaras pero la Patricia, en cuanto se percató, me cerró la puerta del salón en las narices. Menuda es ella con su intimidad. Con la puerta cerrada no conseguí oír la charleta en su totalidad pero sí pude captar unas cuantas palabras como peluquería, actividades extraescolares, estimulación precoz, fiebres infantiles, zapatos y maridos con lo que me hice una composición bastante acertada de sus temas de conversación y llegué a la sacro-santa conclusión de que las amigas de la Patri son un coñazo. Nada que ver con mis amigas del pueblo con las que juntarse y empezar a partirse el pecho es todo uno. Estas se reían más bien poco.

Cuando por fin se fueron, al cabo de una hora o de una hora y media, la Patricia tenía una cara de mala leche de no te menees. Si cuando yo la tengo catalogada en las del tipo solitario será por algo, se ve que la mujer se fuerza pero que no le termina de salir. ¿Pero todavía estás así, eso es todo lo que has planchado?, no te ha cundido nada, tienes que correr más, va y me espeta (del verbo espetar)¡ Qué carácter!

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