Una madre se persona

Estaba yo pasando la mopa, el Jacobín viendo los dibujos de la mañana y la Patri tecleando lo que quiera que teclee en su ordenador (quién sabe si otro blog más para la saturada blogosfera o una nueva novela para el también saturado mundo de la edición en papel) cuando llaman a la puerta rompiendo ese momento de paz en el que nos hallábamos. Salgo a  abrir y me topo(no de animal sino del verbo topar) con una mujer mayor muy elegantemente ataviada, de porte aristocrático y cara similar a la de un pájaro, se me representó a la Patricia con treinta años más, lógico, como que se trataba de su misma madre. Hola, guapa, me dijo condescendiente resbalando su mirada azul sobre mis generosas carnes, tú debes de ser la cuidadora de Jacobo ¿verdad? Sí, sí, le respondí un poco azorada, soy la empleada doméstica del hogar y también cuido del niño. Demasiadas tareas para una persona sola, dejó caer como al aire con cara de disgusto mientras alargaba el cuello buscando a sus familiares. ¿Está mi hija? He venido sin avisar, es una sorpresa.

Desde luego que fue una sorpresa aunque no sé si agradable, lo digo por la cara de susto que se le puso a mi jefa pero, hay que reconocerlo, enseguida la cambió por otra, se le da muy bien fingir, eso ya lo tengo yo comprado. Mamá, qué alegría que hayas venido a vernos. Pues sí, hija, he pensado quedarme unos días porque tengo que hacer unas cosillas en Madrid y así aprovecho y estoy con vosotros. ¿Dónde está mi tesoro? Total, que después de besuquear al niño y regalarle un cuento (no sabe la pobre lo poco que le van las letras al Jacobín) se ve que se aburría y se puso a perseguirme como una sombra. La Patricia, muy hábil ella, alegó que tenía mucho trabajo y se encerró en el cuarto de sus menesteres.

Que si repases por aquí, que si por ahí te has dejado polvo, que si no te olvides de mover los muebles, que si escurre bien esa bayeta que va chorreando. Lo que se dice una pesadilla de mujer, con lo bien que estaba yo con mis limpiezas chapuza. Y la Patricia también estaba bien que a ella que haya alguna que otra pelusa por el suelo, unas marcas de dedos en las puertas o alguna telaraña por los techos no son situaciones que le incomoden. Se ve que tiene miras más altas, no como su madre que ha resultado ser una obsesa del orden, la limpieza y la organización doméstica, vamos, de todo lo que es a ras de tierra.

Hoy no porque acabo de llegar y tengo que deshacer el equipaje pero lo mismo mañana me voy con vosotros al parque. No se lo recomiendo, le dije a la desesperada, hace mucho frío y los virus campan a sus anchas. Ella no me contestó porque se había puesto a ordenar milimétricamente los objetos de encima de la mesa pero me ha dejado con la angustia puesta.

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Un comentario en “Una madre se persona

  1. Es que eso de que alguien se persone y rompa el rollo tácitamente convenido descompone a cualquiera. Hasta a los políticos, con lo bien que estaban peperos y sociatas, se les presentan sin avisar los podemitas los citadelos… Y todos a hacer cosas, a la vez, por el bien de España. A la pobre la van a volver loca.

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