Día: 20 noviembre, 2013

Pena de la Patricia

Que sí, que me da pena de mi jefa laboral y mira que a los jefes no se les suele tener lástima pero es que lo de su madre es para compadecer a cualquiera. Esa mujer se mete en todo y no deja vivir a la Patricia, la tiene martirizá. Que si lo tienes todo muy desordenado, que si aquí no se come como es debido, que si porque no te apuntas a estudiar algo y así te relacionas, que qué cosa tan rara es esa de la meditación, que por qué no te compras un bolso nuevo, que si tienes que mover mejor tus escritos si lo que quieres es tener éxito, que te vendría bien tener otro hijo antes de que Jacobo se haga mayor, que engordes un poco, que te arregles el pelo que ese peinado no te favorece, que esto, que lo otro y que por qué no contratas a otra empleada doméstica del hogar.

Joróbate, resulta que no le gusto. Dice que no soy representativa para una casa de categoría, que no sé limpiar y que duda mucho que resulte una buena influencia para el Jacobín, que me ve muy zafia, muy poco experimentada y más bien vaga. Ahí queda eso, Eva Villamediano (mi nombre y mi primer apellido), eso te pasa por escuchar detrás de las puertas, para que salgas hoy al parque con la autoestima bien alta.

Si os digo la verdad, la opinión de esa mujer me resbala bastante, como casi todas las opiniones en general, yo me tengo en mucho aprecio y me veo muy buenas cualidades. A mí, la doña Perfecta esta no me achanta, ahora que a su hija me parece a mí que sí. Veo yo a la Patri como acongojá, no es que sea nunca la alegría de la huerta pero estos días de presencia materna la están acabando de rematar. Se la ve mohína, afligida, despachurrá, ni a la tecla le da ya. Pobre Patricia, qué pena me da .

Señoras con perro

A otra cosa no sé pero a maniático no le gana nadie al Toni. Ahora le ha dado con unas señoras que pasean perros por nuestro barrio. Dice que no puede soportar el salir a la calle, sea a la hora que sea, y encontrarse con esas tres mujeres y sus respectivos canes. Pero ¿a ti que más te da que estén esas señoras en la calle? Pues me da, me da y mucho porque están siempre y eso es lo que las hace repelentes, además de que muy agradables a la vista no son, ni ellas, ni sus perros. Pero vamos a ver, ¿es que no pueden las mujeres sacar a pasear al perro?, están en su derecho. En su derecho están pero yo también estoy en el mío de ponerme enfermo de verlas.

Y me las describe así: la una tiene cara de que se le acaba de quemar la comida o la cocina entera y el chucho que pasea parece que acaba de morder a alguien de lo malencarao que es; la otra no se ha peinado en siglos y lleva al perro  en brazos como si fuera un bebé y la última es bajita y siempre con un gorro azul de lana cual gnomo del asfalto y pasea un adefesio vestido con un impermeable con capucha y todo. Lo de la capucha es que no lo puedo ni mirar, es ya el remate, se pone. Y que sea eso lo primero que veo en el día… y lo último también porque esas mujeres están en la calle a todas las horas, no descansan, dan vueltas y más vueltas como condenás.

Mira, Toni, estás diciendo muchas tonterías, son personas normales que sacan a sus perros para que hagan sus necesidades. Y él dale que dale, que en el pueblo lo que veía eran montes y árboles y pájaros y aquí, aquí no ve más que horrores. Es que a ti no te gusta nada, hijo, y todo te altera, eso va a estar en tu carácter y no en lo que ves o dejas de ver. Que no, que él cuando tiene naturaleza alrededor es un hombre feliz. Huy naturaleza, le digo para hacerle ver la realidad, pues no te creas que siempre está tan bien la naturaleza, que provoca muchas catástrofes y muchos sufrimientos y muchas penurias por todo el mundo. Que eso es porque no la tratamos bien y se está vengando y nos está devolviendo todo el daño que la hemos hecho.

Si tiene respuesta para todo, el caso es llevar la razón. Qué le habrán hecho a él las tres mujeres de los perros.