Día: 5 diciembre, 2013

Qué cansado es emprender

No, si tenía razón la Esme , lo de tener una marca de empresa, una imagen que nos defina y represente ante la inmensidad del mundo ha sido un acierto y está empezando a dar resultados y de los buenos. Desde que tenemos a la Anais como un pasmarote truculento tras la mesa no cesa de crecer la clientela. Vamos, que no hemos parado en toda la mañana de adivinar, vaticinar, augurar y predecir o, lo que en nuestro caso viene a ser lo mismo, de soltar tonterías sin sentido por nuestras bocas.

Sinceramente, al cabo de un rato ya estaba hasta las narices de tanta persona ávida de conocer su futuro, ¿qué necesidad tendrán de saber su porvenir si se van a encontrar con él en vivo y en directo con solo esperar un poco? Son ganas de adelantarse a los acontecimientos, con lo tranquilo que se vive en la ignorancia futurible. La Esme opina (ella es de mucho opinar) que son claros casos de inadaptación al momento presente, que viven sin disfrutar de lo que tienen en el ahora y que se creen que serán felices cuando obtengan determinados deseos pero que entonces tampoco lo serán porque ya estarán pendientes de satisfacer otros nuevos y así sucesivamente hasta que se mueran. Anda, qué lista eres, y si lo sabes con tanta claridad, ¿por qué no se lo dices para que rectifiquen y enmienden? Pues por la clara y simple razón de que se nos acaba el negocio, dictamina ella. No sé si me parece bien, Esme, lo veo poco ético y, además y principalmente, que me estoy empezando a cansar de tanta pelmaza. Con lo bien que vivíamos cuando nuestra empresa era solo un proyecto, incluso cuando no teníamos proyecto y nos dedicábamos a pasar el rato sentadas en nuestras sillas plegables mirando cómo se le caían las hojas al castaño.

Que no me ponga zen, dice, y que no sea tan vaga que el que emprende ya sabe de antemano que va a tener que sufrir y sudar para sacar su empresa adelante y que lo que tengo que estar es contenta con nuestro volumen de negocio y que si me veo baja de enería que me pase la miga de pan por el cuerpo haciendo círculos y que ya veré qué bien lo veo todo luego. Esme, yo la miga de pan mejor me la como y dicho esto le arreé un buen mordisco al bocadillo que suelo llevar en el bolso para casos de emergencia. La Anais, siempre tan hierática, estalló en una carcajada más bien siniestra.

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