Días aciagos

Te aviso, me dice la Esme en cuanto he puesto el pie en el parque, te aviso y te preaviso que hoy tengo uno de mis días fatídicos, si te suelto alguna no te lo tomes a mal. Pero bueno, Esme, menudo recibimiento, ¿es que me vas a insultar? No te digo yo que no, me responde tan fresca. ¿Y qué te hecho? Que no es contra ti -me dice con cara de loca- es contra el mundo en general, que vengo de muy mal talante y que lo veo todo negro.

Pero bueno, Esme, eso no es propio de ti, si tú eres muy positiva, me estás recordando al Toni. Que no la compare con semejante mastuerzo. Oye, un respeto, me pongo, que el tal mastuerzo es mi pareja de hecho y puede que algún día de derecho y aunque sea de trato difícil a mí me gusta, y una cosa es que yo le critique para desahogarme y otra que tú le sueltes improperios, que eso puede molestar aunque yo no sea una persona de molestarme.

Ja -se ríe sarcástica- que para no ser de molestarme que cómo me he puesto, que si no sé encajar las críticas y que vaya picajosa soy. Pero Esme, de verdad que no te entiendo y ahora ¿a qué viene eso? Que viene a que ya me lo advirtió nada más llegar, que hoy no está de buenas y que si no noto que ha subido mucho la temperatura, como de golpe. Pues mira, no, yo más bien tengo frío y están helados hasta los charcos. Pues que ella se va a quitar el abrigo y la chaqueta y que no se quita la blusa y el sujetador por no competir con las de femen pero que ganas no le faltan.

Y la veo que empieza a despojarse de sus prendas como una poseída por los demonios y a lanzarlas contra nuestra mesa empresarial. ¿Qué haces, mujer, que estás desparramando los arcanos y dando muy mala imagen, quién se va a acercar así a pedirnos consejo? Pero ella venga a tirar la ropa de inditex y de los chinos sobre la mesa de adivinar y a decir que no aguanta más, que sus hijos son insoportables y unos egoistas y que no ayudan en nada y que todo el peso de la vida y del mundo recae sobre sus hombros. No exageres, Esme, que tampoco eres el Barak Obama. Que se vayan todos a la mierda y yo también, me responde. Calla, no grites, que por ahí viene una que ya estuvo la semana pasada y como tú dices, hay que fidelizar clientes. Pues que la atienda yo que ella se va detrás del quiosco a hacer respiraciones profundas a ver si se endereza y que qué tiritona le está entrando pero que lo del mastuerzo no lo retira porque lo piensa y que si no puede decir a una amiga las verdades nuestra amistad se estaría asentando en bases poco sólidas.

Bueno, pues lo que ella quiera pero yo me voy a callar lo de que sus hijos me parecen unos adefesios retorcidos, por la cosa de la diplomacia y porque yo más bien creo que si quieres conservar un amigo es mejor mantener la sinceridad a raya. Luego, mientras yo vaticinaba maravillas a mi fiel clienta, la oía refunfuñar detrás del quiosco no se qué de negruras y harturas y sudores . Eso de que la vida te pone personas difíciles para que ejercites la paciencia no sé quién lo dijo pero le mandaba yo de buena mañana una ración de la Esme en sus días aciagos.

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2 comentarios en “Días aciagos

  1. Será una coincidencia pero la pollera de mi barrio también hiperventila en los días aciágalos, que dice ella.
    Lo dejo que como me venga el insomnio me amanece. 🙂

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