Amiga intercontinental

Evi, en la cocina está la chica de una amiga mía, ha venido a hacer la colada porque tienen la lavadora estropeada. Sí, ya caigo, la amiga que no lee tu blog , yo que tú no le prestaba los electrodomésticos hasta que no te dejara tres o cuatro comentarios y seis o siete me gusta por lo menos (pensado pero no expresado). Y tan contenta que me encamino hacia la cocina para entablar amistad con otra del gremio.

Abro la puerta y me encuentro con una muchacha muy esbelta y de larga melena negra sentada en un silla y sorbiendo con una pajita de un cacharro con forma de bombilla. Al parecer, está muy interesada en el proceso del centrifugado pues mira fijamente las vueltas y revueltas de la ropa dentro del tambor.

Hola, maja, saludo campechana, yo soy la Evi, ¿y tú? Che rera Norma Beatriz, me contesta incongruente y luego se echa a reír tapándose la boca con la mano. ¿Cómo dices, hermosa? Che aguijere nderé la lavadora, me responde ella como si eso fuera una forma normal de hablar. Esta me quiere tomar el pelo de buena manaña, empiezo a sospechar. No cejo y subiendo el tono de voz por si tuviera algún problema auditivo, insisto: que digo que me llamo Evaaaa y que cómo te llamas tú. Ani ndepod, me llamo Norma Beatriz, ¿quieres tereré? Huy, yo té a estas horas…ni a ninguna, yo soy más de café con leche con bollo mojado, a ser posible.

Ella vuelve a reírse, se ríe tanto que se le saltan las lágrimas por lo que empiezo a pensar que lo que sorbe con tanta dedicación no es solo té. No, matesito, me aclara ella, tereré, y me alarga la bombilla. Que no, guapa, que no quiero yo de eso que bebes, no me vaya a poner a hablar raro. No es raro, es guaraní, soy paraguaya.

Anda, pues mira que ilusión, no tenía yo ninguna amiga de por ahí y ya enseguida me lancé a narrarle mis visicitudes, yo me suelto a poca confianza que me den, incluso a ninguna.Todo muy bien y muy ameno hasta que me reveló que también le mandan al parque con una niña llamada Casilda y que por dónde me pongo, que acaba de llegar y no conoce a nadie. Me dio lástima de su soledad pero comprenderéis que no puedo arriesgarme a desvelarle los emprendimientos sin saber si es de fiar.

Mi ubicación es más bien incierta, le respondí evasiva, un día por aquí, otro por allá, depende de lo que quiera el Jacobín que es muy inquieto. Yo te buscaré, yayetopata, me suelta recogiendo la ropa y saliendo toda contenta con su tereré y su pelo al viento. La has vuelto a liar, Evi, me recriminé aunque, por otro lado, me hace ilusión tener una amiga tan intercontinental.

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