Día: 16 diciembre, 2013

Quiero ser culta

Puede parecer a simple vista que limpiar casas ajenas es una actividad inocua y sin consecuencias. Pues os desengaño, si queréis tener secretos o salvaguardar vuestra intimidad no contratéis a ninguna empleada doméstica del hogar y no es porque seamos cotillas ni queramos inmiscuirnos en las vidas de otros (que a veces sí) es que esas vidas se nos muestran, sin ellas quererlo y sin quererlo nosotras, en toda su desnudez y verdad. Productos del baño, medicinas, alimentos, fotografías, conversaciones, ropas, desechos y esos libros que reposan inocentemente sobre las mesillas dicen más de sus poseedores que cualquier test de personalidad. Vamos, que conozco yo más a la Patricia de lo que se conoce ella misma. Al husband ya no tanto porque está poco en casa y deja menos huellas.

Y volviendo a las mesillas de noche y a los libros que sobre ellas aguardan, hoy, mientras agitaba a lo loco el plumero, he sentido envidia de lo mucho que lee mi jefa laboral y he decidido que yo también me quiero culturizar porque aunque siempre he tenido tendencia a la lectura, igual que a la gordura, la falta de asesoramiento me ha hecho consumir mayoritariamente bazofia. Pero, bueno, a qué espero si ahora tengo una maestra en la sombra y gratuita. Voy a leer todo lo que lea la Patri, libro que vea sobre la mesilla, me apunto el título y cuando pase al sector estantería me lo meto al bolso con discrección y procedo a leerlo. Luego procederé también a devolverlo, eso que quede claro.

Qué contenta me he puesto al vislumbrar que mi vida no va a limitarse solo a fregar, cuidar, adivinar y pelearme con el Toni. Qué alegría de pensar que no sólo voy a ser leída sino bien leída. Para irme iniciando me he puesto a ojear y así he sabido que “en esta demoledora novela, que aspira a capturar el todo, el autor despliega ante nuestros ojos un mundo abandonado por los dioses”, huy qué miedo, la detecto un poco lúgubre. He elegido otra (porque mi jefa lee a pares e incluso a tríos y a cuartetos) y en esta se avanzaba: “el autor aplica una inconmesurable capacidad para enganchar con sus historias, como si fuera un hipnotizador”, ah, bueno, esta puede que me guste más. Y tenía previsto seguir husmeando cuando ha resonado por el pasillo la voz de mi ama: Eva, ¿qué haces que tardas tanto? todavía te quedan los baños y ya son las once. Aquí, con el polvo, he mentido sin atisbo de rubor. Si es que no le dejan a una avanzar en paz por la senda cultural.