Día: 18 diciembre, 2013

Esquemática Navidad

Y digo yo: ¿es que un árbol de Navidad es un arma de destrucción masiva?, ¿qué daño puede hacer a la humanidad un simple árbol de plástico verde, con sus flecos imitando las ramas del abeto, con su peana recubierta de fieltro rojo, sus bolas de colores colgando, su espumillón rodeándolo y sus luces musicales intermitentes? Personalmente, me parece un objeto que no debe faltar a estas alturas del mes en cualquier hogar que se precie de serlo.

Engendro abominable, lo ha llamado el Toni y aberración vomitiva, después. Y que lo quite de inmediato que le van a dar pesadillas. Argumenta el hombre que si en esta época del año los árboles se despojan de sus hojas y se muestran desnudos y sobrios, quién somos nosotros para enmendar a la naturaleza. Que no hay bolas más bonitas que las gotas de lluvia cuando penden de una rama, ni adornos más maravillosos que los pájaros posados y que para árboles de Navidad los acebos que crecen naturalmente en los bosques del pueblo. Que si el invierno es austero y se despoja de adornos por qué nos empeñamos en recargarlo todo con espantos insufribles. Que él apuesta por una Navidad esquemática.

Pues vale, Toni, tú sabrás lo que quieres decir con eso pero yo, el árbol de los chinos no lo quito que me gusta y me da alegría. En buena hora habré desvelado su procedencia, como un loco se ha puesto a arrancar bolas y romper espumillones al tiempo que proclamaba que él no quiere en su casa árboles de otra dimensión y que no hay belleza comparable a la de esos árboles negros, puro esqueleto, típicos de esta estación, que parecen trazados a tinta. ¿Se habrá trastornado del todo?