Día: 27 diciembre, 2013

Me aburren los pueblos

Solo llevo aquí cuatro días, en el pueblo me refiero, y ya estoy más aburrida que una mona. Me he vuelto urbanita por completo, necesito coches rodando  de día y de noche, gente apretujándome, iluminación artificial, ruido, tiendas, variedad, aire sucio. El pueblo, diga lo que diga el Toni, es un muermo. Muy bonitos los árboles y los bosques y las montañas, muy preciosas las estrellas y muy melodiosos los cantos de los pájaros pero al segundo día ya te ha entrado una murria inexplicable que yo achaco a la rutina del lugar.

Si sales a la calle ya sabes lo que te vas a encontrar: al mismo tonto en la misma esquina ( es un decir y sin querer ofender ni a los unos ni a las otras). Claro que me gusta departir con mis amigas de toda la vida y estar con mi familia, qué majos son, pero todo tiene un límite. Lo que echo yo de menos pasearme por esas calles atestadas sin que nadie me conozca, ni me salude ni me pare par preguntarme qué tal estoy. Pues estoy muy bien pero ya me aburro de contarlo, gracias. Lo que echo yo de menos los emprendimientos y esa vida tan activa que llevo. Esme, si me estás leyendo, que lo dudo, dado el componente traidor y desleal de tu personalidad, que sepas que te añoro a ti, a nuestra sede empresarial y a los líos que en ella organizamos.

El Toni, por el contrario, está más feliz que nunca, o eso supongo porque ha puesto en práctica los consejos de Henry David y se ha perdido por los caminos, las sendas y los vericuetos. Qué empacho de naturaleza se está pegando,le va a sentar mal, lo veo venir y luego me tocará a mí soportar las consecuencias.

En fin, como no tengo nada mejor que hacer voy a empezar a leer uno de los libros que saqué prestado de la patriciana biblioteca, a ver si dejan de ladrar los perros y los lugareños de tirar petardos para ensayar los del fin de año y me puedo concentrar. Silencio,dicen. Pues no es verdad.