Mes: diciembre 2013

Amiga intercontinental

Evi, en la cocina está la chica de una amiga mía, ha venido a hacer la colada porque tienen la lavadora estropeada. Sí, ya caigo, la amiga que no lee tu blog , yo que tú no le prestaba los electrodomésticos hasta que no te dejara tres o cuatro comentarios y seis o siete me gusta por lo menos (pensado pero no expresado). Y tan contenta que me encamino hacia la cocina para entablar amistad con otra del gremio.

Abro la puerta y me encuentro con una muchacha muy esbelta y de larga melena negra sentada en un silla y sorbiendo con una pajita de un cacharro con forma de bombilla. Al parecer, está muy interesada en el proceso del centrifugado pues mira fijamente las vueltas y revueltas de la ropa dentro del tambor.

Hola, maja, saludo campechana, yo soy la Evi, ¿y tú? Che rera Norma Beatriz, me contesta incongruente y luego se echa a reír tapándose la boca con la mano. ¿Cómo dices, hermosa? Che aguijere nderé la lavadora, me responde ella como si eso fuera una forma normal de hablar. Esta me quiere tomar el pelo de buena manaña, empiezo a sospechar. No cejo y subiendo el tono de voz por si tuviera algún problema auditivo, insisto: que digo que me llamo Evaaaa y que cómo te llamas tú. Ani ndepod, me llamo Norma Beatriz, ¿quieres tereré? Huy, yo té a estas horas…ni a ninguna, yo soy más de café con leche con bollo mojado, a ser posible.

Ella vuelve a reírse, se ríe tanto que se le saltan las lágrimas por lo que empiezo a pensar que lo que sorbe con tanta dedicación no es solo té. No, matesito, me aclara ella, tereré, y me alarga la bombilla. Que no, guapa, que no quiero yo de eso que bebes, no me vaya a poner a hablar raro. No es raro, es guaraní, soy paraguaya.

Anda, pues mira que ilusión, no tenía yo ninguna amiga de por ahí y ya enseguida me lancé a narrarle mis visicitudes, yo me suelto a poca confianza que me den, incluso a ninguna.Todo muy bien y muy ameno hasta que me reveló que también le mandan al parque con una niña llamada Casilda y que por dónde me pongo, que acaba de llegar y no conoce a nadie. Me dio lástima de su soledad pero comprenderéis que no puedo arriesgarme a desvelarle los emprendimientos sin saber si es de fiar.

Mi ubicación es más bien incierta, le respondí evasiva, un día por aquí, otro por allá, depende de lo que quiera el Jacobín que es muy inquieto. Yo te buscaré, yayetopata, me suelta recogiendo la ropa y saliendo toda contenta con su tereré y su pelo al viento. La has vuelto a liar, Evi, me recriminé aunque, por otro lado, me hace ilusión tener una amiga tan intercontinental.

Chinos en otra dimensión

Ya me barruntaba yo que alguna del Toni estaba al caer, llevaba ya muchos días -unos cuatro o cinco- sin manifestar su particular y enrevesada forma de ser y eso era muy extraño. La normalidad, por llamarla de alguna manera, ha vuelto a nuestro hogar. Me hallaba yo en la cocina friendo unas patatillas para la cena cuando el Toni, procedente de la calle, irrumpe en mi doméstico santuario como un abanto.

Chinos, chinos y más chinos, es lo que veo cada vez que entro o salgo por el portal, de dónde salen tantos chinos, clama y exclama, ambos verbos a la vez. No lo soporto, siempre con esos pitillos encendidos, con esas caras que parece que no les ha dado el aire nunca en sus vidas, con esos rostros sin expresión y esos pelos lacios…Toni, para ya, -le freno en seco- que me estás resultando un racista de primera y eso no me gusta, no es propio de tí, me da miedo.

Que no, que él no tiene ninguna manía a la nacionalidad china en general pero que lo que no soporta es a los chinos del portal, que a esos es que no los puede ni ver, precisamente porque no hace más que verlos y que, además, que le parece a él que tienen algo raro, algo que no es del todo humano. Huy madre, lo que dice, chinos inhumanos pero ¿es que te han atacado o algo? Que no, que atacarle no, que es justamente todo lo contrario, que él procura entablar una relación con ellos, la más elemental, la del hola y el adiós y los buenos días y el qué tal  pero que con esos chinos del portal es imposible. Será porque no conocen tu idioma, le digo. El idioma es lo de menos porque los gestos son universales pero es que ellos no tienen gestos y siempre van en grupos, nunca veo a uno solo, siempre son cuatro o tres o cinco, carecen de individualidad, y entran y salen con muchas prisas. ¿Sabes qué? Que creo que yo les veo a ellos pero ellos no me ven a mí, es la única explicación que le encuentro.

Pues a tí es difícil no verte. Justamente, se pone, razón que me estás dando, esos chinos tienen algo sobrenatural y creo que ya sé lo que es. Como yo no le pregunté nada, tal y como él esperaba, porque ya me estaba hartando de escuchar tantas idioteces, se quedó un rato callado rondando de la cocina al fregadero y del fregadero a la cocina. ¿Quieres parar y poner la mesa o algo que me estás poniendo nerviosa con tanto ir y venir? Entonces se para, pone cara de iluminao y me da la noticia: ya lo sé, Evi, y te lo voy a decir aunque te suene raro, esos chinos están en otra dimensión. Compartimos espacio pero no tiempo o tiempo pero no espacio, todavía no lo sé pero hay algo básico que no compartimos. Por eso no me saludan. Va a ser por eso, Toni, ¿hago ya el huevo frito o espero a que aterrices?

Se buscan hombres

La Esme, ya recuperada de su arrebato hormono-vital, ha llegado hoy a nuestra sede empresarial -el quiosco y sus aledaños- rebosante de energía e iniciativa emprendedora. Yo creo que quería compensar su estrafalaria conducta de ayer mostrándome su faceta más profesional. Si os digo la verdad, se ha puesto bastante pesada (por no decir coñazo que no queda fino en un blog) con la estrategia de negocio. Casi que la prefería en su versión loca de atar porque no me ha dejado ni respirar con tanta tormenta de ideas. Sostiene (no el Pereira sino la Esme) que tenemos que elevar la vista, mirar otros horizontes y no centrarnos solo en el mercado más cercano. Dice que lo ha leído en una página web con consejos para emprendedores. Que no nos encerremos en nuestra idea inicial y que si necesitamos invertir en líneas básicas de negocio pues que lo hagamos y rápido.

Y eso, traducido al habla de la calle, ¿qué quiere decir?, interrogo yo. Pues mira, lo de elevar la vista y buscar otros horizontes quiere decir que atraigamos hombres porque, como ya habrás podido comprobar a poco aguda que seas, nos estamos restringiendo a un sector exclusivamente femenino y no es bueno perder a la mitad de la población. Ah,eso, ¿y cómo los vamos a atraer? Se me ocurren varias ideas, me suelta poniendo una cara de lo más intrigante y persuasiva. Ah, no, Esme, por ahí no paso, yo a puta no me meto, eso que te quede bien claro. La Anais, de piedra hasta el momento, nos ofreció una de sus siniestras carcajadas y al Jacobín, que está empezando a pronunciar sus primeras palabras, le dio por repetir puta una y otra vez hasta tenerla perfeccionada. Que no, Evi, que no te enteras, me tranquilizó la Esme, que hay muchas maneras de atraer a los hombres que no tienen por qué ser sexuales, no seas básica. No, si los básicos son ellos, me defendí. Por ejemplo, podemos poner junto al tarot una imagen de Messi o de Cristiano Ronaldo o de la Roja, para no mojarnos. No sé, es que no termino de ver la relación entre la magia y el fútbol. Como que no la tiene, me suelta tan pancha, pero ya se la buscaremos nosotras que para eso estamos.

Y en cuanto a las nuevas líneas de negocio -prosigue sin dejarme asimilar la tontería de las fotos de futbolistas- se me ocurre que deberíamos irnos preparando para ofrecer endulzamientos, encantamientos y otros rituales variados, que lo de ser simples echadoras de cartas ya está muy trillado. Ya, pero es que solo sabemos lo de la miga de pan, Esme, no estamos preparadas. Pues por eso y no le saques pegas a todo, vete estudiando en tus ratos libres que la formación continua es fundamental en cualquier profesión. Y sobre todo, piensa y estrújate el cerebro porque mañana me tienes que traer una idea para atraer hombres. Pues lo que me faltaba, me ha salido mandona, y que no se me ocurre nada, llevo todo el día enzarzada con lo mismo y la idea no viene. Se aceptan sugerencias.

Días aciagos

Te aviso, me dice la Esme en cuanto he puesto el pie en el parque, te aviso y te preaviso que hoy tengo uno de mis días fatídicos, si te suelto alguna no te lo tomes a mal. Pero bueno, Esme, menudo recibimiento, ¿es que me vas a insultar? No te digo yo que no, me responde tan fresca. ¿Y qué te hecho? Que no es contra ti -me dice con cara de loca- es contra el mundo en general, que vengo de muy mal talante y que lo veo todo negro.

Pero bueno, Esme, eso no es propio de ti, si tú eres muy positiva, me estás recordando al Toni. Que no la compare con semejante mastuerzo. Oye, un respeto, me pongo, que el tal mastuerzo es mi pareja de hecho y puede que algún día de derecho y aunque sea de trato difícil a mí me gusta, y una cosa es que yo le critique para desahogarme y otra que tú le sueltes improperios, que eso puede molestar aunque yo no sea una persona de molestarme.

Ja -se ríe sarcástica- que para no ser de molestarme que cómo me he puesto, que si no sé encajar las críticas y que vaya picajosa soy. Pero Esme, de verdad que no te entiendo y ahora ¿a qué viene eso? Que viene a que ya me lo advirtió nada más llegar, que hoy no está de buenas y que si no noto que ha subido mucho la temperatura, como de golpe. Pues mira, no, yo más bien tengo frío y están helados hasta los charcos. Pues que ella se va a quitar el abrigo y la chaqueta y que no se quita la blusa y el sujetador por no competir con las de femen pero que ganas no le faltan.

Y la veo que empieza a despojarse de sus prendas como una poseída por los demonios y a lanzarlas contra nuestra mesa empresarial. ¿Qué haces, mujer, que estás desparramando los arcanos y dando muy mala imagen, quién se va a acercar así a pedirnos consejo? Pero ella venga a tirar la ropa de inditex y de los chinos sobre la mesa de adivinar y a decir que no aguanta más, que sus hijos son insoportables y unos egoistas y que no ayudan en nada y que todo el peso de la vida y del mundo recae sobre sus hombros. No exageres, Esme, que tampoco eres el Barak Obama. Que se vayan todos a la mierda y yo también, me responde. Calla, no grites, que por ahí viene una que ya estuvo la semana pasada y como tú dices, hay que fidelizar clientes. Pues que la atienda yo que ella se va detrás del quiosco a hacer respiraciones profundas a ver si se endereza y que qué tiritona le está entrando pero que lo del mastuerzo no lo retira porque lo piensa y que si no puede decir a una amiga las verdades nuestra amistad se estaría asentando en bases poco sólidas.

Bueno, pues lo que ella quiera pero yo me voy a callar lo de que sus hijos me parecen unos adefesios retorcidos, por la cosa de la diplomacia y porque yo más bien creo que si quieres conservar un amigo es mejor mantener la sinceridad a raya. Luego, mientras yo vaticinaba maravillas a mi fiel clienta, la oía refunfuñar detrás del quiosco no se qué de negruras y harturas y sudores . Eso de que la vida te pone personas difíciles para que ejercites la paciencia no sé quién lo dijo pero le mandaba yo de buena mañana una ración de la Esme en sus días aciagos.

De amigas y blogs

Oye, he pensado yo, en cuanto se le queda la casa vacía de familiares, la Patricia convoca a sus amigas a modo de celebración de su recién inaugurada soledad. El husband, ya recuperado de su rodilla, ha partido raudo hacia el mundo exterior para cumplir con sus esenciales misiones como coach (ahora ya sé lo que es pero os lo contaré en otro post) y la wife ha aprovechado para fomentar la amistad.

En realidad, otros eran sus planes como pude comprobar mientras pasaba el trapo una y otra vez a la puerta tras la que se hallaban reunidas. Su objetivo primordial no era la camaradería desinterasada sino -qué astucia- la promoción de su incipiente blog. Pero no le salió bien la jugada, para qué nos vamos a engañar, ella venga a sacar el tema, con mucho tacto, eso sí, y las variopintas a desviarlo.

Que si lo habían leído y que qué les había parecido, les pregunta así como quién no quiere la cosa. Es una monada, salta la del collar de perlas, y después de un tenso silencio añade para acabarlo de fastidiar, qué gozada. Sí, sí, está muy bien, agrega la de la pinta de maestra de escuela, lo que pasa es que solo he podido leerlo por encima porque se me ha estropeado la lavadora. ¡Qué faena y qué lata!, responden todas como en un coro griego y, a continuación, se enzarzan a relatar sucedidos y aconteceres relativos a las averías de electrodomésticos, tema de conversación mucho más interesantes para ellas que el blog de la pobre Patri.

No podía ver su cara pero me la estaba imaginando. Puedes mandar a tu chica a mi casa a hacer la colada, oigo que se ofrece en plan buena samaritana y dado que la otra se lo agradeció enormemente vio abierta la pista para contraatacar. Lo bonito de los blogs es que la gente te haga comentarios, venga, venga, animaos y me ponéis alguna cosilla para que me estimule a seguir escribiendo. Yo es que no sé cómo se comenta en un blog, dijo otra entre toses, de lo que deduje que se trataba de la del pitillo siempre encendido. Pero si es muy fácil, mira solo tienes que… y ahí se acabó la explicación porque la vestida con todos los colores existentes y recubierta con todos los adornos posibles e imposibles, soltó con su característica voz de pito la siguiente frase: bueno, bueno, a lo que importa, me he comprado una falda verde pistacho ideal y que pega con todo. Y eso ya fue el no parar, qué animación tras la puerta, todas se pusieron a relatar lo que se habían comprado ellas y dónde, con qué lo pensaban conjuntar, si tenían que cambiarlo o no , si iban juntas o separadas a hacer las devoluciones, sepultando al recién parido blog con sus mundanidades.

Cuando se fueron, la Patricia tenía la cara desencajada. Me hubiera gustado  decirle, de bloguera a bloguera, que no se preocupara, que a mis amigas del pueblo tampoco les importa un carajo mi blog pero que me quieren igual y que, básicamente, un bloguero solo es leído por sus congéneres (otros blogueros) pero como para ella soy únicamente la empleada doméstica del hogar solo pude darle esta poco interesante información: Patricia, la mancha de la alfombra no sale con el amoniaco.

Qué cansado es emprender

No, si tenía razón la Esme , lo de tener una marca de empresa, una imagen que nos defina y represente ante la inmensidad del mundo ha sido un acierto y está empezando a dar resultados y de los buenos. Desde que tenemos a la Anais como un pasmarote truculento tras la mesa no cesa de crecer la clientela. Vamos, que no hemos parado en toda la mañana de adivinar, vaticinar, augurar y predecir o, lo que en nuestro caso viene a ser lo mismo, de soltar tonterías sin sentido por nuestras bocas.

Sinceramente, al cabo de un rato ya estaba hasta las narices de tanta persona ávida de conocer su futuro, ¿qué necesidad tendrán de saber su porvenir si se van a encontrar con él en vivo y en directo con solo esperar un poco? Son ganas de adelantarse a los acontecimientos, con lo tranquilo que se vive en la ignorancia futurible. La Esme opina (ella es de mucho opinar) que son claros casos de inadaptación al momento presente, que viven sin disfrutar de lo que tienen en el ahora y que se creen que serán felices cuando obtengan determinados deseos pero que entonces tampoco lo serán porque ya estarán pendientes de satisfacer otros nuevos y así sucesivamente hasta que se mueran. Anda, qué lista eres, y si lo sabes con tanta claridad, ¿por qué no se lo dices para que rectifiquen y enmienden? Pues por la clara y simple razón de que se nos acaba el negocio, dictamina ella. No sé si me parece bien, Esme, lo veo poco ético y, además y principalmente, que me estoy empezando a cansar de tanta pelmaza. Con lo bien que vivíamos cuando nuestra empresa era solo un proyecto, incluso cuando no teníamos proyecto y nos dedicábamos a pasar el rato sentadas en nuestras sillas plegables mirando cómo se le caían las hojas al castaño.

Que no me ponga zen, dice, y que no sea tan vaga que el que emprende ya sabe de antemano que va a tener que sufrir y sudar para sacar su empresa adelante y que lo que tengo que estar es contenta con nuestro volumen de negocio y que si me veo baja de enería que me pase la miga de pan por el cuerpo haciendo círculos y que ya veré qué bien lo veo todo luego. Esme, yo la miga de pan mejor me la como y dicho esto le arreé un buen mordisco al bocadillo que suelo llevar en el bolso para casos de emergencia. La Anais, siempre tan hierática, estalló en una carcajada más bien siniestra.

Trinos, gorjeos y vulgaridades

Kili-kili-kil, kili-kili-kil, kili-kili-kil, oigo con asombro al entrar en mi hogar después de una larga y pluriempleada jornada laboral como cuidadora, limpiadora, mayordoma y vidente. Y otra vez el kili-kili-kil y otra más. Avanzo temerosa los dos pasos que nos permite nuestro pasillo de la clase obrera y me encuentro de frente con el autor de tan extraños sonidos. Que no,  que no era un pájaro que se había colado en nuestra morada, era ese ser tan peculiar con el que cohabito, el así llamado Toni.

¿Se puede saber a qué juegas?, le indago ligeramente molesta y, por toda respuesta, se lleva un dedo a los labios indicándome que me calle y prosigue con su extraño trinar: tsiii-tsit-tist. Y de nuevo, como afianzando conocimientos: tsii-tsit-tsit. ¿A qué no sabes qué es?, me interroga jubiloso. Eres tú haciendo el indio, eso seguro. No seas ignorante, Evi, es un agateador, esos pajarillos pequeños que trepan por la corteza de los árboles. ¿Y éste?: or-ti-ti-tá, or-ti-ti-tá ¿a qué no sabes cuál es éste? Pues ni lo sé, Toni, ni me interesa lo más mínimo, lo que sí me interesa es saber si has bajado al Día a comprar algo para la cena que tenemos la nevera que da lástima. Al Día, al Día, prorrumpe con indignación, pero qué prosaica eres, tengo tareas mucho más elevadas que desarrollar como es la de identificar a los pájaros por su canto. Mira, mira qué bien está esta página web que me ha indicao el Hipólito para que vaya aprendiendo. Nuup, nuup, nuup: la abubilla, ¿qué te parece? Snirr, snirr, snirr, venga que este lo tienes que conocer que hay muchos en verano, snirr, snirr, snirr ¿no caes?, el vencejo, hija, el vencejo, ¿a que ahora sí? Ahora sí que estoy planeando tu asesinato, Toni.

Pues no sé por qué, qué egoista eres, no quieres mi felicidad, precisamente en el momento en que empiezo a remontar, justo cuando he encontrado mi verdadera pasión y empiezo a vislumbrar el sentido de mi existencia. Hooh-hoooh, pii-pi-cu, pii,pi,cu. ¿quieres que te haga el sonido del pardillo? Ese ya me lo sé de memoria, Toni, lo oigo mucho al cabo del día y me bajo a la compra que no cenamos. Allá tú -le dejé mascullando- si tu opción vital es ser una persona vulgar y sin altura de miras, yo no me voy a meter pero te aviso que luego vienen las depresiones, por no escuchar los deseos más íntimos de cada uno. Kili-kili-kil, kili-kili-kil.

Investigando al husband

Qué pesada se ha puesto la Esme, quiere que me informe a toda costa del trabajo del husband, que tiene ella mucho interés en saber a qué se dedica ese hombre. Pero bueno,¿ y a ti qué te importa si no lo conoces de nada? Que si no le quiero hacer un favor pues que lo diga y acabamos antes pero que recuerde y no olvide que las amigas están para ayudarse. Qué manipuladora emocial puede llegar a ser cuando se lo propone. Pero os digo otra cosa que he descubierto de la Esme, que eso de que no le interesa nada el amor, ni el deseo, ni nada que tenga que ver con los hombres es mentira. Ha sido mencionarle que el husband se daba un aire así como a Brad Pitt y ya ella, huy, ¿sí? y en qué dices que trabaja y a qué se dedica y dónde desempeña sus funciones. Y cómo dices que tiene el pelo y los ojos y esa lesión en la rodilla cómo se la ha hecho. Oye, maja, que yo no he dicho tanto, yo solo te he contado que el marido de la Patricia no es un marido al uso sino un husband y que físicamente es más que apañao pero también te he relatado que tiene una personalidad del tipo cataplasma que no me atrae en absoluto y que a ti tampoco te va a atraer si se diera o diese el caso -altamente improbable- de que llegaras a conocerle y entablaras con él algún tipo de relación -más altamente improbable todavía-.

Que no lo pregunta por nada en concreto, por entretenerse un poco, que le pica la curiosidad y que a mí qué más me da hacer unas averiguaciones de nada, que me pasee por ahí, por donde mora su portátil y que fisgue un poquillo.

Es lo malo que tengo, que no se decir que no a las amigas. Así que esta mañana mientras iba y venía con los variados recados del apuesto varón, que se ha debido de creer que soy su mayordoma personal, he ido gipiando todo lo que he podido en torno al mencionado portátil y algo he visto aunque no sé si lo suficiente.

Al final, el hombre, que tonto del todo no es, se ha dado cuenta y va y me salta ¿te interesa el coaching, Eva? Huy, madre qué susto me he pegado, a ver si éste va a ser de los del derecho de pernada. No, no, le respondo toda azorá, es que le quiero regalar un ordenador a mi pareja de hecho y este me parece a mí que está muy bien relación tamaño/prestaciones. El hombre se ha reído pero es que se ríe siempre, tiene como el gato ese de Alicia, la sonrisa de guardia,  abierta a todas las horas. Posteriormente, le he contado el resultado de mis pesquisas a la Esme y dice que ya sabe a qué se dedica, que es coach, o sea, que practica el coaching y que no nos vendría nada mal poner un coach en nuestras vidas para que nos oriente con los emprendimientos laborales y vitales. Mira tú, qué lista la Esme, y decía que no le interesaba el sexo…

El husband

Pues sí, el marido de la Patricia existe. Ese que sonríe tan moreno y deportista desde las fotos de la estantería no venía con el marco, como ya empezaba yo a sospechar. La imagen corresponde a su marido verdadero y se ha hecho carne. Vamos, que está en casa, en la suya me refiero, a causa de una lesión de rodilla. Y ahí que me lo he encontrado esta mañana arrepollinado en su sofá de gama alta, con su apolínea pierna extendida sobre mullidos almohadones y todo rodeado de aparatejos tecnológicos para poder seguir desarrollando su trabajo (que no sé cuál será) sin perder ni un minuto.

No pases por aquí la aspiradora que está mi marido en casa y tiene que trabajar, me advierte la Patricia y, a continuación, me presenta al marido así como sin ganas y él me alarga la mano derecha y me da un apretón que casi me la deja inutilizada para su más primordial función: la de barajar arcanos. Después me concede una sonrisa de lo más apañá. Qué dientes tan relucientes y bien alineados, qué pelo rubio tan suavemente ondulado, qué ojos tan verdes y que cuerpo tan bien formado. Vamos, que de los de la hora punta en el metro no es, el tal Pelayo. Ahora bien, no es mi tipo y el motivo está bien claro: ese hombre es un pelmazo.

Dice la Esme que como todos los maridos, que el sustantivo marido y el adjetivo pesado deberían ir unidos en el diccionario. Que ella no es que tenga mucha experiencia directa en el asunto porque solo ha tenido uno y por muy poco tiempo pero que ha hecho un estudio entre los de sus amigas y enemigas y puede confirmar que prácticamente no hay ninguno que no lo sea. Digamos, concluye, que es inherente a la condición de marido y no entiende de razas ni clases sociales. No sé qué base científica tendrá ese estudio suyo, pero lo que sí os puedo decir es que este ejemplar tan rebonico no va a ser la excepción que confirme la regla. Jesús, qué mañana me ha dado el apuesto varón, venga a llamarme a cada momento para pedirme tontás: que si me puedes traer un vaso de agua con unas gotitas de limón, que si acerques/alejes la mesa, que si ahora me tomaría un café, que si te lleves la taza que puede caerse, que si que venga el niño que le quiero dar un beso, que si se vaya ya que no me deja concentrarme en el informe, que si corre la cortina que me da la luz de pleno pero no tanto que no puedo ver la calle.

Santa María madre de Dios, si me llama otra vez le aderezo la próxima bebida con el salfumán pero, por suerte para mí y para él, la siguiente en ser molestada no he sido yo. Pato, patooo, le oigo que grita como un descosido. ¿Pato?, ¿dónde habrá visto este hombre un pato? pero no se trataba de un ánade sino de su mujer porque entonces la Patri va y contesta desde el cuarto de sus menesteres: ya voy, husband. O sea, que él a ella le ha transformado ese nombre tan bonito que tiene en la irrisión de Pato y ella a él, supongo que por no quedarse atrás, en vez de llamarle Pelayo o marido, va y le llama husband, así, en anglosajón. Qué fino, ¿verdad? y digo yo, ¿un husband será menos pelmazo que un marido? Todos los datos apuntan a que no.