Mes: enero 2014

Mi madre por teléfono

Resulta que tengo una madre aunque nunca haya hablado de ella hasta ahora, también tengo un padre pero como es de pocas palabras da menos juego el hombre para escribir una entrada. Con mi madre hablo por teléfono casi todos los días sobre los siguientes temas de conversación: averías domésticas, menús, peligros de internet y el Toni. A veces también se tratan dolores variados o lo que se ha comprado mi hermana (también tengo una hermana). Aunque yo hablo mucho, con ella soy más bien escueta porque cualquier cosa que diga puede ser utilizada en mi contra. La charla es, más o menos, así:

-Mi madre: pues ya me han arreglado el grifo

-Yo: ¿qué grifo?

Mm: pero si te lo dije ayer, el de la cocina que goteaba. Ahora lo que está a punto de romperse es la cuerda de tender y la puerta del horno que no cierra bien. Esta casa está como yo, hecha mistos.

y: no será tanto

Mm: pues hoy he puesto de comer patatas con bacalao y para la noche una ensalada con atún y cebolla. Hoy ya lo tengo, mañana no sé, tendría que ir donde el carnicero

Y: pues ve

Mm: ¿sigues escribiendo esas cosas en internet?

Y: sí, sigo

Mm: ya son ganas…y no des tu dirección a nadie que hay mucho desaprensivo, lo han dicho en la tele. ¿Y te lee alguien?

Y: no muchos pero sí, algunos

Mm: ¿no serán gente mala de esa?

Y: no me lo parece, tranquila.

Mm: pues ya son ganas… Y el Toni, tan raro como siempre, ¿no?

Y: pues si ya lo dices tú…

Mm: y de casarse nada, claro, mejor hubieras estado con el Tomás, ¿sabes que van a tener un niño?

Y: como para no saberlo si me lo dices cada vez que hablamos

Mm: ya te has molestado, enseguida te molestas.

Y: que no

Mm (cerrando el círculo): pues a ver a quién llamo para lo de la cuerda porque no te creas que tiene un arreglo fácil. La comida de hoy ya la tengo y mañana, ya veremos.

Y: eso, mañana será otro día.

Circulando (2)

Svetlana -ordena sado-madre- te voy a mandar a por fruta al mercado. Sal cuando Eva se lleve al niño al parque y que ella te indique el camino que la calle y las tiendas se las conoce muy bien. Y me mira retadora. ¿Qué habrá querido insinuar?, ¿sabrá que me entretengo tanto a la ida como a la vuelta en las tiendas de los chinos, conocerá mi adicción a los mulayas? Igual hasta me ha seguido, qué mujer más espianta.

Pues tan felices que íbamos la Svetalna y yo surcando calles, ella fumando que tiene ese vicio la mujer y yo hablando, que tengo este otro. ¿Por dónde fruta? Tú sígueme que a la fruta ya vas luego, primero tenemos que circular un rato. Parque no, recula ella cuando ve que nos aproximamos a la puerta de entrada, parque tú, yo fruta. Venga, Svet, si solo es un momento y te fumas otro cigarro que luego en toda la mañana ya no vas a poder. Fumo otro y luego fruta, concede doblegándose a sus nicotínicos deseos.

Ya era hora, nos recibe toda atacada la Esme. Rápido, Anais, vete a buscar a la Pandora que ya han venido estas pelmas. Pero Esme, ¿tú crees que va a querer venir otra vez?, el otro día no parecía muy contenta. Esa viene, ¿no ves que le damos vidilla y le rompemos la rutina? Y venga, os vais colocando. Norma, tú a la derecha, tú Evi a su lado y tú, la nueva, apaga ese cigarro que este es un espacio libre de humo.

Pero vamos a ver, Esme, ¿no dice la Shinoda Bolen que los círculos de mujeres se caracterizan por ser igualitarios y carecer de jerarquía y que en eso se oponen al modelo patriarcal? Pues yo veo que tú mandas mucho aquí y deja que la Svet fume que le falta un diente y con algo se tiene que consolar. No suerte, no dinero, no diente, asiente robótica la aludida. Bueno, pues que fume pero el círculo es mío y hago lo que quiero, le oigo que dice por lo bajo y con bastante mala leche.

Ya están aquí. Empezamos. Lee, Evi. Qué de obligaciones gratuitas, pienso yo pero salgo y leo: Los que saben no hablan.Los que hablan no saben. Cierra tu boca, desembota tus sentidos, desafila tu astucia, desata tus nudos, suaviza tu mirada, decanta tu polvo. Esta es la identidad primordial.

Qué lindo, exclama la Norma sorbe que te sorbe de su matecito.

¿Dónde fruta?, yo marchar, fruta muy importante, se posiciona la Svetlana.

Qué de tonterías juntas, último día que vengo, protesta entre toses la Pandora.

¿Tú te crees que se puede circular mirando el móvil?, recrimina la Esme a su criatura. Y añade malhumorada: no te creas que he entendido mucho lo de hoy, este mensaje ¿a quién se lo mandamos?, el otro día estuvo mejor.

Pero yo no digo nada porque bien claro ha dicho Lao Tzu que nos estemos calladas.

Estrella tendida

Mira, Toni, asómate a la ventana, le digo después de cenar. Sí, para ver los ladrillos mugrientos de la pared de enfrente, ahora voy corriendo, me contesta sarcástico. Que no -le insisto- que se ve una cosa, ven. Sí, ya lo sé, un planta muerta dentro de un tiesto que ya la podía quitar el vecino porque deprime bastante. Que no, pesado, cómo te voy a llamar para que veas eso tan feo, tú ven y verás. Como me estés haciendo levantarme para una tontería de las tuyas me voy a mosquear que llevo todo el día de pie en el bar y me duelen las piernas.

Tienes que asomarte, girar el cuello y mirar hacia arriba. Tú qué quieres ¿que me de una contractura muscular y me tengan que dar la baja otra vez? Ya te gustaría a ti lo de la baja, que nos conocemos. Ahí, ahí, por encima -le señalo- se ve una estrella y bien brillante, no me digas que no es bonita. Una estrella, una estrella, masculla despectivamente, cuando voy de avistamientos con el Hipólito vemos todas las constelaciones y con mayor nitidez. Hombre ya me imagino pero ¿a que no sabías que tenías una justo aquí encima? Esa estrella me da pena, está como prisionera entre las cuerdas de la ropa.

Pues a mí me gusta, parece tendida, sujeta con pinzas para que no se escape y podamos verla. Pues sí que…, tú es que te conformas con muy poco, por eso estás siempre contenta. Pues haz tú lo mismo y verás qué bien. No me digas que no reluce y mira cómo pasan las nubes ¿no te relaja mirar su movimiento? Si no tuviera que romperme el cuello para verlo, pues a lo mejor. Y se vuelve al sofá todo enfurruñado protestando no sé qué de la contaminación lumínica y de la vida anti natural.

No sabes apreciar lo que tienes, Toni, le reprendo. Pero no me hace caso y sigue disertando sobre el uso ineficiente, innecesario y extremo de las fuentes de luz artificial y la mala gestión del alumbrado. Que nos han robado la noche, se pone. Así, con esas palabras.

Sin dinero

 Señora, señora, problema grande, se agita Svetlana por el pasillo en busca de sado-madre. Salgo de mi reducto planchil para enterarme -me gusta estar al tanto de la actualidad- y veo a Svetlana sujetando con aflicción el tubo roto de la aspiradora. Problema grande, repite compungida.

Pero bueno, ¿qué has hecho?, seguro que has tirado con demasiada fuerza, hay que tener cuidado, ahora no me va a quedar más remedio que salir de inmediato a comprar otra porque sin aspiradora no podemos estar. Aspiradora muy importante, señora, corrobora mi homóloga. Pero sado-madre ya ha dado el portazo para ir en pos de la imprescindible máquina. ¡Qué resolutiva es!, esa virtud se la tengo que reconocer.

Mientras tanto, agazapada en su cuarto, mi jefa escribe y escribe ajena a las insulsas cuitas domésticas. Qué manera tan voraz de darle a la tecla y yo que me consideraba prolífica…siento envidia de esa dedicación tan absoluta, de esa concentración en sus mundos interiores tan despojada de obstáculos. Bueno, en realidad es una envidia muy relativa porque yo más de diez o quince minutos seguidos escribiendo no puedo estar; me canso, me aburro, se me acaban las ideas y el mundo exterior con sus múltiples y variados estímulos me reclama. Claro que yo no soy escritora profesional sino una simple advenediza que se ampara en la tecnología para llenar de chorradas el ciber-espacio. Pero de escritura ya hablaré otro día que no quiero quemar temas innecesariamente.

Sobre estas cosillas reflexionaba cuando oigo un gemido procedente del pasillo, abandono de nuevo mi tarea (qué poco me cuesta abandonarla) y veo a la Svetlana de cara a la pared como si se hallara en el muro de las lamentaciones. Yo no suerte: no dinero, no hombre, no aspiradora, se queja. Bueno, mujer -trato de animarla-, lo primero vale, lo segundo no te creas que te iba a arreglar tanto y lo tercero ya te van a traer una nueva, tú tranquila.

No suerte: no dinero, no hombre, no diente. Y girándose hacia mí me enseña un hueco donde debería haber una muela. Dentista muy caro, no dinero. Eso sí es verdad pero mira, si te vienes a los círculos de los jueves, igual podemos hacer una colecta y te buscas uno baratillo. Además que te lo vas a pasar muy bien, te lo digo yo, anímate.

No entiendo cosa es círculo, dice secándose las lágrimas con la manga de la bata. Azulejos muy importantes, amoniaco también. Voy a limpiar para señora contenta. Pues no te creas que te lo va a agradecer tanto pero allá tú. Y se va en dirección a la cocina perorando: dinero muy importante, sin dinero no comida, no alquiler, no diente, no vida, no nada. Ahí te doy la razón, Svetlana, las cosas como son.

Por la mitad del camino

Como el Toni sigue envuelto en su manta ponzoñosa alegando enfermedad o incubación de la misma, he decidido continuar avanzando por el camino de Swan y así he llegado más o menos hasta la mitad del libro. Al principio, os lo voy a confesar, me estaba pareciendo un poco pesado con esas frases tan largas en las que me perdía y tenía que volver a su inicio una y otra vez pero, luego, le he ido cogiendo el tranquillo. Y aunque es cierto que me entra un poco de sueño cuando se recrea en iglesias, marquesas o vincapervincas también lo es que, de repente, me he encontrado con pensamientos que me parecía que los había puesto expresamente para mi o para alguien que conozco. Es como si dijera cosas que yo ya sabía pero que no era consciente de saberlas hasta que no las he leído explicadas por él.  Por ejemplo, esta sobre la costumbre a la que llama ” Celestina mañosa” y de la que dice “que trabaja muy despacio y empieza por dejar padecer a nuestro ánimo durante semanas enteras en una instalación precaria, pero que nos llena de alegría al verla llegar porque sin ella y reducida a sus propias fuerzas, el alma nunca lograría hacer habitable morada alguna”. Pues eso es algo que me ha pasado muchas veces sin yo darme cuenta.

O esto otro que escribe y gracias a lo cuál entiendo un poco mejor los desconcertantes cambios de humor de mi amiga Esme : ” he aprendido a distinguir esos estados que se suceden en mi ánimo y que se reparten cada uno de mis días, llegando uno de ellos a echar al otro; estados contiguos pero tan ajenos entre sí, tan faltos de todo medio de intersección, que cuando domina uno de ellos no puedo comprender, ni siquiera representarme, lo que deseé, temí o hice cuando me poseía el otro.”

Y hasta puede que haya descubierto que el Toni tiene un alma delicada porque una de sus manías, la de la falta de horizontes en las urbes, también sale en este libro cuando un amigo de la familia, que tiene que volver a la ciudad, le dice a Marcel que está en un pueblo:”cierto que tengo en casa toda clase de cosas inútiles. Solo me falta lo necesario, es decir, un gran espacio de cielo, como aquí. Procura guardar siempre por encima de tu vida un gran espacio de cielo porque tienes un alma muy buena, poco usual y una naturaleza de artista, así que no consientas que le falte lo que necesita”

Bueno, pues seguiré leyendo porque creo que la segunda mitad del camino va de amores.

Eros y tánatos

Monologa el afligido Toni desde el sofá: me gustaría ser un perro pero no con impermeable, un perro de los del pueblo, libre, que se pasea por el monte; también me gustaría ser un pájaro o hasta un árbol, esa acacia de tronco renegrido por la contaminación no, otro que esté en un entorno mejor. Humano sintiente, doliente y pensante no quiero ser, no me está gustando porque…¿Se puede saber qué tonterías farfullas, Toni? ¿Y qué haces en el sofá con hielo por algunos sitios y la manta eléctrica por otros? Es que me duelen partes que hay que tratar con frío y otras a las que les conviene más el calor, yo no tengo la culpa del comportamiento de mi cuerpo ni de que me fastidie continuamente. Además, tengo angustia. Pero, angustia, ¿por qué? no me digas que el jefe te la ha vuelto a montar, no irán a echarte…Y me cuesta respirar, el corazón me hace cosas raras como cuando un coche va dando tumbos hasta que se escacharra definitivamente. Creo que me va a dar un infarto porque me duele el hombro.

Vamos a ver, Toni, dime la verdad, ¿has estado otra vez buscando síntomas en google? No me hace falta, los síntomas están por todas partes, como los virus y las bacterias y los accidentes y todo lo que puede hacernos daño que es mucho y variado. De hecho, me pregunto cómo estamos todavía vivos. No me gusta vivir en un mundo tan inseguro, con tantos peligros siempre al acecho y la muerte al final, irremediablemente.

Anda, este, ¿y por eso quieres ser perro, pájaro, árbol?…que sepas que también se mueren. Pero no lo saben, por eso los envidio. Hombre, pero su vida es más aburrida que la nuestra. No pueden, por poner un ejemplo, mantener conversaciones, leer, disfrutar del arte (o tener un blog pienso para no delatarme). Pero como sé que me miente voy hasta el ordenador que amistosamente compartimos y rastreo el historial de búsqueda. El muy panoli no se ha molestado en borrarlo: síntomas de la gripe, ¿es la gripe letal?, ¿qué virus circula este año?, medidas de prevención, número de fallecidos por el virus, picos de la epidemia, complicaciones más frecuentes, efectos secundarios de la vacuna, ¿demasiado tarde para vacunarse? Y luego: cómo saber si eres hipocondriaco (lo eres, eso ya te lo digo yo), tratamiento hipocondría, el sufrimiento del hipocondriaco.

Ya no puedo más y me planto en el sofá donde tiembla envuelto en una manta costrosa sometido a un auto-régimen de contrastes extremos de temperatura. Toni, levántate ahora mismo y nos ponemos a preparar la cena, lo mejor para todo eso que dices que te pasa es la actividad. No puedo, estoy mal, tengo dolores, la actividad es buena para los que están bien pero yo estoy mal y abrázame que tengo miedo. Lo abrazo porque sé que sufre y me da pena. Venga, le consuelo, vamos a hacer unas respiraciones profundas a ver si así te relajas. Yo me relajo mejor de otras maneras, me contesta y con un zarpazo más de oso que de hombre me arranca la parte superior del pijama. ¿Y si soy portadora de algún virus?, le pincho. Pero en estos momentos su pulsión de vida es más fuerte que su pulsión de muerte. Entre eros y tánatos, ha ganado eros, claramente.

Desde el parque hasta Davos

¿Dónde están las mujeres?, me dice la Esme en cuanto llego al quiosco esta mañana tan soleada y reluciente. Te dije que te trajeras unas cuantas para hacer el círculo. Querrás decir buenos días, Eva, qué bueno hace y a mí no me dijiste nada. Además, ¿no eran hombres? , aclárate. Mira, pánfila, no voy a perder el tiempo con protocolos, vamos a formar un círculo femenino para mejorar el mundo que hay demasiada violencia, destrozo y desigualdad, ¿o es que no lo ves? Lo veo pero no sé qué vamos a arreglar nosotras haciendo el círculo ese que te has inventado. No es idea mía (que rabia le estaba dando reconocerlo) se lo he copiado a una mujer muy sabia que se llama Jean Shinoda Bolen y que dice que podemos ser como esas piedras que se tiran a un estanque y que forman círculos concéntricos y uno contagia a otro. Venga, vamos a ello, me he traído a la Anais para hacer bulto, ha venido también la Norma, ya somos cuatro y con la Pandora, cinco. Pero ¿qué dices, Esme? ¿cómo vamos a meter a la Pandora después de los insultos del otro día? Que claro que sí, porque ella no es la Esme competitiva y malvada que era y me suelta la siguiente parrafada: las brujas son capaces de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor; son atrevidas, confían en los presentimientos, meditan a su manera, defienden con firmeza lo que les importa..

Vale, lo capto pero ¿a que no es tuyo? No, es de la Shinoda, pero nos viene al pelo. Ya le he mandado a nuestra ex-rival un mensaje de paz con la Anais y, mira, por ahí viene ¿Te habías fijado antes en que es coja?, apunto. Todos tenemos nuestras limitaciones, Eva. No, si solo era una observación. Bueno, venga, se pone toda organizanta dando palmadas, vamos a formar el círculo y nos concentramos en lo que queremos para el mundo. Pues eso hacemos y debemos de resultar muy pintorescas porque la gente se para a mirarnos con asombro. Tiene que salir una al centro a decir algo, ordena la Esme. A mí no me mires que yo no sé qué decir. Pues sácate un libro de esos que llevas en el bolso y lees algún párrafo al azar, yo creo mucho en el azar. Y leo:

“Cuando los ricos especuladores prosperan mientras los granjeros se arruiman, cuando los gobernantes dilapidan en armas en vez de en salud; cuando la clase alta es extravagante e irresponsable mientras los pobres no tienen a dónde ir; todo ello es latrocinio y caos. No es permanecer en el Tao.”

Muy bien dicho, aplaude la Esme con exaltación, se lo mandamos desde aquí a los de Davos, para que aprendan.

Como que nos van a oír, ¿y para esto me habéis llamado con lo que me cuesta moverme?, protesta la Pandora y se aleja renqueando y tosiendo. Qué pachucha está la pobre.

A mai que ivai, ipara aagui, suelta la Norma entre sorbo y sorbo de mate. Que traducido quiere decir: cuanto peor, más cercano están días mejores.

Dame la paga, que me lo has prometido, reclama la Anais.

Más corro patata, pide el Jacobín.

Pero Esmeralda, ajena a protestas, demandas adolescentes y risas burlonas de los mirones, proclama muy en lo suyo: queda inaugurado el círculo de los jueves. Amén.