Día: 4 enero, 2014

Climatológicamente adverso

¡Qué alegría abandonar el pueblo de mis ancestros y volver a esta ciudad donde me convierto en un ser anónimo! Qué felicidad la de confundirme entre las masas y aglomerarme y apretujarme sintiendo ese calor humano, esa comunión que consiste en hacer todos lo mismo y a las mismas horas como si formáramos un solo cuerpo. Cómo me gusta dejarme arrastrar por la corriente de la vida o, lo que para mí es lo mismo, sumarme a las tradiciones y mejor si son masivas y se celebran extramuros: hacer la cola del roscón, la cola de los envolvimientos de paquetes en los grandes almancenes, la cola de…¿de qué será esa cola?, no importa, voy a contribuir a su  alargamiento. Y ahí que me integro.  Yo no soy nada apocalíptica.

La pena es que el mal tiempo me esté estropeando un tanto mis inocentes diversiones. El Toni, por el contrario, (el Toni siempre por el contrario) califica estas distracciones de infernales y dice que está muy contento de que haga un día de perros porque así la gente o por lo menos una gran parte de ella, se refugia en sus guaridas y no invade los espacios públicos con sus absurdos comportamientos grupales.

Es el momento en que él, retando a las inclemencias invernales, arrastrado por el viento y empapado por la lluvia, sale a la desierta e inhóspita calle feliz de no hallar señoras con perros, chinos en otra dimensión ni ser humano normal alguno. Solo le enturbia la alegría el íntimo convencimiento de que tarde o temprano llegará la primavera. Qué climatológicamente adverso me ha salido el pobre.