Día: 9 enero, 2014

Por el camino del Hipólito

>Para qué voy a pensar un título nuevo, si tengo este que me sirve de comodín. Resulta que el Hipólito ha recomendado al Toni que, en lugar de hacer el trayecto al trabajo en metro, lo haga andando, atravesando un parque que él conoce (qué no conocerá este hombre) y que dice que es un remanso de paz en medio de la urbana vorágine. El Toni, como no puede desoír ninguna de sus sugerencias, se calzó sus zapatillas de andar y cargando con su dolor de rodillas y su mal humor habitual, salió ayer de casa con la esperanza de hallar un poco de felicidad. Pero no, la felicidad es muy esquiva, pobre ingenuo. Dice que al principio la cosa marchaba bien: los árboles se mostraban en toda su magnificencia invernal, dos mirlos cantaban y picoteaban los frutos de un madroño y una bandada de aves en formación migraba hacia donde quiera que migren las aves en esta época. El Toni en su paraíso, qué contento se estaba empezando a poner, qué agradecido al Hipólito y sus consejos, qué hombre nuevo se sentía y todas esas pamplinas que suelta cuando habla de naturaleza. Todo estaba resultando perfecto hasta que llegaron ellos, los malditos, armados con horribles aparatos que parecían salidos de una guerra apocalípitica y se pusieron a aspirar con saña los restos de inocentes hojas otoñales que quedaban por el suelo. Adiós a los cantos de los pájaros, ya solo se oía el estruendo de esas satánicas máquinas diseñadas por mentes perturbadas al que se sumaron, a continuación, el de otras, diseñadas por las mismas mentes, que barrían el suelo con cepillos giratorios adheridos a sus bajos. El Toni miraba a los otros paseantes con la esperanza de encontrar apoyo y consuelo pero a ellos no parecía molestarles y, como si no oyeran nada, seguían paseando a sus perros, corriendo o caminando indiferentes e insensibles. Y entonces, cuando ya a lo único que aspiraba su torturada alma era a salir de allí, irrumpió él, el omnipresente helicóptero y se detuvo justo sobre su cabeza moviendo las aspas como en una burla.

Que ha sido una experiencia horrible y demoledora, manifiesta.

Que se lo cuente al del remanso del paz, manifiesto yo, que a mi ya me tiene harta.