Día: 13 enero, 2014

El cuarto de la plancha

Planchar es una actividad que induce al pensamiento. No a los pensamientos elevados o profundos, aunque también puede darse el caso si el ente planchante tiene esa habilidad o el día inspirado, sino, más bien, a que la mente divague y enrede. Toda esta mañana la he pasado planchando y rumiando. ¿Sobre qué volvía mi mente una y otra vez? Sobre la tardecita de domingo tan entretenida que pasamos ayer el Toni y yo.

La diversión comenzó así, con una, en apariencia, inocente pregunta: ¿Ya te has enganchado otra vez a la Rosamunde Pilcher?, me dijo mirando con desconfianza el libro en el que trataba de concentrarme. Más o menos, respondí evasiva porque no tenía ganas de hablar y él lo detectó, tiene radar para este tipo de situaciones. Puede pasarse días sin apenas dirigirme la palabra, todo mohíno y reconcetrao, pero como intuya que estoy metida de lleno en algo que se le escapa o le excluye, entonces le entra la vena comunicativa.

Mira que es mala esa mujer y que escribe tonterías, no sé cómo puede gustarte aunque ese libro que tienes no me parece de la Rosamunde. Pero, ¿desde cuándo le preocupa al Toni lo que yo lea o deje de leer? Pues si no es de esa será de crímenes suecos o noruegos ¿a que sí? Ni sí ni no, zanjo yo, bastante harta de tanta inquisición lectora. Bueno, pues dime qué lees. Nada que te interese, tú sigue con tu Walden y déjame que bastante tengo con no dormirme con los problemas de sueño del autor. Y entonces se avanlanza sobre mi y me arrebata de muy malos modos Por el camino de Swan. Se queda un rato leyendo el título, examina con recelo las primeras páginas, y se va directamente a la contraportada.

Pues sí que picas alto, una de las grandes obras literarias del siglo XX, nada menos, no te veo yo a ti leyendo esto, no lo vas a entender. ¿Cómo que no me ves, pues no me estás viendo? Una cosa es que leas y otra que lo puedas asimilar. Tienes cara de estar pasando un mal rato, reconoce que se te está atragantando el tal Proust. Pues no reconozco nada y no te metas con mis afanes lectores que siempre me tienes que fastidiar todas mis iniciativas, yo te apoyo a ti y la prueba es que te he regalado unos prismáticos para que avistes pero tú, sin embargo….Ya va a salir a relucir la batidora, que rencorosa eres, nunca lo vas a olvidar. Claro, porque ese regalo demuestra lo poco que me conoces. Anda que no te conozco, pero si te veo venir a la legua, ahora mismo estás deseando darme con la gran obra literaria en la cabeza y pensando que por qué te habrás juntado conmigo con lo bien que podrías estar con el Tomás. Del Tomás no me acordaba pero, ahora que lo dices, seguro que él no me hubiera regalado una batidora con accesorios, a cual peor. ¿Y qué tienen de malo los accesorios? Lo mismo que la batidora, no son regalos bonitos para una mujer. Ahora eres feminista, eso te viene de esa amiga tan rara del parque, no me gusta esa mujer, es muy resabiada. Habló el que no tiene amigos resabiados. Y así nos pasamos la tarde, peleándonos y odiándonos. Y eso nos pasa, entre otros motivos, por tener que convivir en un espacio tan reducido. Lo confieso: tengo envidia. Y no es de una persona, es de un electrodoméstico. Tengo envidia de la plancha de la Patricia. Ella tiene un cuarto propio.