El Tao te ching

Tati II, montada sobre mi escoba, surcaba la luna llena arrojando sobre los tejados de Madrid los arcanos del Tarot cuando una patada del Toni me ha rescatado de mis oníricos mundos. Gracias, majo, por liberarme de la pesadilla de tan delicada manera. El caso es que mientras viajaba en el autobús bien comprimida entre otros cuerpos iba intentando elaborar una estrategia de negocio pero nada, no se me ocurría nada, no soy de estrategias y de negocios creo que tampoco. Pues un tanto desanimada llego a la puerta de la ilustre mansión y llamo al timbre pero un ruido harto molesto procedente del interior que identifico como el de la aspiradora les impide oírme. Llamo otra vez y tampoco viene nadie a abrir y llamo más y más y así hasta diez veces. Ya me han echado, pienso justo en el momento en que sale a abrir la sado-madre señalándose el reloj con el morro torcido. Llegas tarde, Tati. Claro, como que llevo un cuarto de hora pisando el “home, sweet, home” que de sweet está teniendo bien poco, pienso pero no declaro que no está la situación para sinceridades. Pónte de inmediato con la plancha que está el cesto hasta arriba, me conmina sin miramientos la encantadora abuela. Y allá que voy pasando por delante de mi rival que reina sobre las alfombras aspirando con fruición rayana en la demencia.

Plancho y plancho, cuánta ropa para tan pocos cuerpos, y pienso y pienso y me torturo pensando y luego, mientras me desplazo por la casa repartiendo prendas por armarios y cajones y chocando con el magro cuerpo de mi adversaria veo un libro que me lanza mágicos destellos desde una mesa. Lo abro y leo: “El Tao siempre está en paz. Vence sin competir, responde sin hablar, llega sin ser llamado, logra sin un plan”. Huy, qué palabras más sabias y acertadas.  Paso las hojas con nerviosismo y veo un poco más adelante: “deja de pensar y finalizarán tus problemas”. Sin dudarlo, agarro el libro que se titula Tao te ching y lo introduzco en mi bolso para que haga compañía a Marcel Proust. Qué calma más buena me ha entrado y, así, con esa paz de espíritu he llegado al parque donde un numeroso grupo de hombres se agolpaba sobre nuestro quiosco. Lo de los hombres os lo cuento mañana, o pasado, o al otro, ya veremos.

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10 comentarios en “El Tao te ching

    1. Hola, Patricia, no sabes cómo me alegro de tu enganche y de que te gusten otros blogs que a mí también. Muchas gracias por comentar y ahora mismo me paso por el tuyo a cotillear.

  1. El Tao tiene la verdad del Universo… Que esta, ya, en nuestros corazones. Resta quitarnos los velos mal aprendidos y mal heredados que opacan a esos corazones para VER con ojos limpios y ser Felices (de verdad).

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