Día: 29 enero, 2014

Estrella tendida

Mira, Toni, asómate a la ventana, le digo después de cenar. Sí, para ver los ladrillos mugrientos de la pared de enfrente, ahora voy corriendo, me contesta sarcástico. Que no -le insisto- que se ve una cosa, ven. Sí, ya lo sé, un planta muerta dentro de un tiesto que ya la podía quitar el vecino porque deprime bastante. Que no, pesado, cómo te voy a llamar para que veas eso tan feo, tú ven y verás. Como me estés haciendo levantarme para una tontería de las tuyas me voy a mosquear que llevo todo el día de pie en el bar y me duelen las piernas.

Tienes que asomarte, girar el cuello y mirar hacia arriba. Tú qué quieres ¿que me de una contractura muscular y me tengan que dar la baja otra vez? Ya te gustaría a ti lo de la baja, que nos conocemos. Ahí, ahí, por encima -le señalo- se ve una estrella y bien brillante, no me digas que no es bonita. Una estrella, una estrella, masculla despectivamente, cuando voy de avistamientos con el Hipólito vemos todas las constelaciones y con mayor nitidez. Hombre ya me imagino pero ¿a que no sabías que tenías una justo aquí encima? Esa estrella me da pena, está como prisionera entre las cuerdas de la ropa.

Pues a mí me gusta, parece tendida, sujeta con pinzas para que no se escape y podamos verla. Pues sí que…, tú es que te conformas con muy poco, por eso estás siempre contenta. Pues haz tú lo mismo y verás qué bien. No me digas que no reluce y mira cómo pasan las nubes ¿no te relaja mirar su movimiento? Si no tuviera que romperme el cuello para verlo, pues a lo mejor. Y se vuelve al sofá todo enfurruñado protestando no sé qué de la contaminación lumínica y de la vida anti natural.

No sabes apreciar lo que tienes, Toni, le reprendo. Pero no me hace caso y sigue disertando sobre el uso ineficiente, innecesario y extremo de las fuentes de luz artificial y la mala gestión del alumbrado. Que nos han robado la noche, se pone. Así, con esas palabras.