¡Que trabajen ellas!

¡Vaaamooosss!, a vuestros puestos pero ya, arenga la coronela Esmeralda a sus raquíticas tropas (la Norma y yo). Hemos perdido muchos días por culpa de los sucesivos temporales y tenemos que recuperar beneficios que está la hucha que ni las arcas de la seguridad social. Es lo malo que tiene montar una empresa tan dependiente de la climatología, pero llegan buenos tiempos, ya florecen los almendros, auguro primavera y subidones. (Parece el Gobierno, la Esmeralda)

¿Os queréis poner de una vez en la mesa de adivinación? Qué dos, en cuanto me despisto se me dispersan y yo no he dicho rompan filas. Norma, tú delante, dando bien la cara y tú, Eva, más atrás, en la retaguardia. Bueno, venga, ya estamos: ¿preparadas para emprender? Pues adelante.

Me agota, os lo digo de verdad,  y menos mal que en la posición en la que me ha colocado la gran estratega Esme no tengo demasiado que hacer y puedo dedicarme a meditar y a divagar que es lo que de verdad me gusta. La Norma, la mujer, qué buen carácter tiene, se adapta a todo y sin rechistar aunque a veces me parece a mí que está como en otro mundo, muy lejos de aquí, como melancólica. Tendrá añoranzas de sus tierras paraguayas, de su familia, de sus comidas. Claro, por eso no se separa del tereré, es como el cordón umbilical que le une a sus orígenes. Ay madre, ya estoy elucubrando tontamente, ¿y yo qué sé lo que le pasa por la cabeza a la Norma? En realidad, nada. Tendré que remediarlo, voy a preguntarle que si le pasa algo o que si está triste. Y me levanto para entablar conversación cuando sale la Esme como un misil tierra-aire de detrás del quiosco.

¿Dónde vas, si puede saberse?, ¿no ves que la Norma está ocupada?, ni te acerques que ahuyentas al género masculino y necesitamos hacer caja.

Señora, sí, señora, me cuadro. Gracias por pensar que mi figura espanta a los machos pero que sepas que yo también tengo mi público y que allá en mi pueblo se me agolpaban los pretendientes. Sí, siempre hay un roto para un descosido,  oigo que murmura. Será mala persona mi amiga íntima…se lo voy a perdonar porque está dominada por sus tormentas hormonales y porque, además, me da bastante igual la opinión ajena. Yo me gusto tal cual soy, es lo bueno que tengo.

Y reflexionando así me dispuse a sacar de mi bolso, no el bocadillo como estáis pensando que no todo en la vida van a ser placeres carnales, sino a Marcel Proust para que le de un poco el aire, que está muy paliducho. Ya me lo estoy terminando y tengo yo ganas de saber cómo acaba la relación entre Swan y Odette. Me parece a mí que no muy bien porque él sufre mucho con esa mujer, pasa muchos celos y con bastante razón, además, porque la Odette…no me gusta juzgar ni a los personajes de una novela así que me callo mi opinión aunque la tenga.

Pues nada, a leer tranquilamente mientras la guapa curra y la coronela cuenta los dineros. ¡Que trabajen ellas!

Anuncios

3 comentarios en “¡Que trabajen ellas!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s