Día: 8 febrero, 2014

Conversaciones perrunas

Mi padre habla poco con las personas pero con el perro más. El perro es muy escapista y en cuanto ve la puerta abierta sale escopetao y trepa la cuesta en dirección al monte. Aveces vuelve a las dos horas pero otras la expedición le dura un día entero. Entonces mi padre lo castiga atándole a la pata de una mesa de oficina que hay en el patio. Esa mesa alguien la rescató de un contenedor y pasó a formar parte del extraño mobiliario del patio. En sus cajones mi padre guarda trozos de cuerdas, tornillos, ganchos, pedazos de mangueras y otros objetos perdidos e inconexos que igual algún día sirven para algo.

Una vez atado, el perro está a su disposición y él se sienta en una banqueta para amenzarlo, regañarlo y después compadecerlo.

Eres un perro muy malo y te voy a llevar a la perrera. Yo no quiero pero no dejas otro remedio. Tienes que aprender quién es el amo. Allí en la perrera no te van a tratar bien, que lo sepas. Tienes que aprender a comportarte como es debido y no a salir de parranda en cuanto ves la ocasión. ¡Y cómo vuelves!, hecho un adán, te revuelcas por los barros y buscas gresca con otros perros. Eres un salvaje y un desagradecido pero cuando llegue la hora de comer y el amo no te ponga el plato te acordarás de lo que has hecho….A la perrera te voy a llevar. Eso, agacha ahora la cabeza.

¡Qué inteligente es este animal!,no le falta más que hablar, si obedeciera un poco mas…. eres un perro muy malo, sin orden ni ley.

Se produce un largo silencio y los dos bostezan y se van quedando dormidos. Al despertar, suavizado por el sueño, mi padre cambia un poco el discurso:  pobrecito mi perrín que está castigado, ¿está triste el Pancho? Este animal te dice lo que le pasa sin necesidad de palabras.

Yo no quiero castigarte pero no se puede ir por los montes así como así sin permiso del amo, te voy a soltar ya pero que sepas que a la próxima te llevo a la perrera y eso no te va gustar, la perrera no te va gustar, no es un buen sitio, perrín , que lo sepas.

 Una vez suelto, el Pancho aprovecha el menor descuido para escapar otra vez a correrse sus parrandas monteñas.

Pues ya sabes lo que te aguarda, perro sin ley, ya lo sabes, dice mi padre mirando con fijeza la ahora solitaria pata de la mesa de oficina donde se guardan cosas raras, feas y viejas.

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