Vejeces, achaques y un hombre misterioso

Tantos días sin emprendimientos a causa del clima adverso que ya ni me acordaba de que tenemos un negocio bastante boyante. Pero qué cansancio anticipado se ha apoderado de mí cuando, al llegar al parque, he visto las mesas de adivinar todas dispuestas. Creo que lo de ser bruja o maga no termina de ser lo mío. Como ya confesé desde un principio nunca he tenido vocación definida por nada.

Pero algo me ha extrañado: había tres mesas en vez de dos. Una es la de la Norma, la que está en primera línea de árboles, la segunda, un poco más agazapada,es la que ocupo yo y la Esme no tiene porque ella se dedica a elaborar la estrategia de negocio desde el quiosco. Vamos, que como es la jefa hace lo que le da la gana. Entonces, ¿a quién correspondía esa tercera mesa justo detrás de la mía?

Mis dudas se han disipado enseguida y la vuestras también se van a disipar cuando os diga que he visto emerger de entre la maleza a una mujer tosiente y renqueante que, sin dudarlo, se ha aposentado en la tercera mesa y se ha puesto a barajar arcanos con gran pericia pese a sus artítricos dedos.

Pero bueno, Esmeralda, ¿qué hace aquí la Pandora, no era nuestra enemiga más acérrima? Pase que se venga a circular por hacer bulto pero que se acople de socia no lo veo yo y eso que soy de natural integrador.

Déjala que se apunte al carro de las vencedoras, le hemos comido todo el terreno y se ha quedado sin clientela. Ahí detrás no molesta y he pensado que se puede especializar en el sector de la tercera edad, esas mujeres que vienen preguntando por los futuros de sus hijos porque del suyo propio con ir tirando se conforman. Se sentirán muy cómodas con ella y siempre pueden intercambiar achaques para entretenerse.

No sé, a mí tenerla justo en el cogote me inquieta un poco, mira que si me echa una maldición o algo.

-Anda, anda, no seas aprensiva, tú dale conversación que está aquejada de una profunda soledad.

Pues eso he hecho, qué remedio. ¿Y qué tal estás, Pandora?, le he preguntado con la esperanza de que no me lo contara.

-De pena, hija, de pena. Me duele desde el dedo gordo del pie hasta el último pelo de la cabeza.

-Pues qué panorama, le  he contestado sin saber qué decir ante tamaño desastre.

-No lo sabes tú bien, la vejez es un asco, te lo digo para que estés advertida aunque cuando te llegue ya se te habrá olvidado. Que da serenidad, dicen. Y una mierda!, lo que da es dolores y arrastrares de cuerpos, lo que da es angustia porque la vida se acaba y a lo mejor no se ha aprovechado bien, lo que da es rabia porque el mundo parece que te empuja a la cuneta con sus prisas y sus novedades y se pone una mala leche que no te quiero contar.

Pues para no quererme contar…¡Qué mañana me ha dado narrándome con detallismo y puntillismo sus múltiples penurias y fallos orgánicos. Me estaban entrando hasta mareos.

Y a todo esto, un hombre muy raro nos miraba desde el banco de enfrente.

-Esme, ¿has visto a ese?

-Sí, le he visto. Nos mira

-¿Quién será?

-Ni idea, cualquier loco, hay tantos…

-Pues no mira solo a la Norma, que eso no me extrañaría, nos mira a todas y toma apuntes. ¿Qué clase de perversión será la suya?

-Y yo qué sé, no le hagas caso que ya se cansará

Pero no se ha cansado y ahí le hemos tenido toda la mañana mirándonos desde ángulos diferentes como si fuéramos un cuadro y tomando notas.

Y cavilando sobre la identidad del hombre misterioso y pesado he regresado a mi hogar a reencontrarme con el Toni que sigue de baja afectado de pesoíticos desasosiegos.

16 comentarios en “Vejeces, achaques y un hombre misterioso

      1. Calla que me está viniendo a la cabeza la expresión de mi tierra de “te pongo mirando a Cuenca” y estoy aquí muerta de la risa yo sola! Jajajajaja

  1. La Pandora es otra filósofa contando sus achaques, y el hombre raro que mira (es un título genial para una novela) seguro que está viendo la forma de hacer negocio con vosotras. Deseando saber estoy!!!

  2. Parece que mediante una opa no demasiado hostil habéis absorbido a la competencia comercial.
    Ahora tendréis que apencar con la “totalgia” de la nueva socia.
    El tío ese puede ser un inspector de hacienda, esos que velan, con tanto éxito, porque fracase la economía sumergida. Atención máxima.

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