La metamorfosis

No voy a hablar del muchacho ese que se convirtió en escarabajo y su familia lo trataba muy malamente, por lo menos hoy. Otro tema me preocupa y es la falta de sentido a mi alrededor. Tampoco es que esto sea nuevo pero hay días…

Al aterrizar en el parque veo a la Norma enseñándole a la Pandora las fotos de su hija que guarda en el móvil. ¡Qué guapa la Marilin! ataviada de Hello Kitty de los pies a la cabeza. ¿Y la Esme, dónde anda?, pregunto extrañada por su ausencia.

Está dentro del quiosco, me aclara la Pandora.

Pues qué bien, vamos a aprovechar para relajarnos y me dispongo a sacar del bolso el Tao te ching porque Pessoa sigue bajo arresto domiciliario. Pero justo cuando comenzaba a leer oigo una voz que dice: “ve a tu cueva, introdúcete en tu aposento, entra en tu capullo y cierra la puerta”.

¿Qué ha sido eso?, me sobresalto.

Es Esmeralda desde dentro del quiosco, lleva así toda la mañana, me advierte Norma sorbiendo mate con resignación.

“Mis sentidos se agudizan, estoy abierta a la iluminación y a la inspiración, sola, libre de responsabilidades”, sigue recitando la voz.

Esta se ha metido en alguna página web de auto-ayuda y le ha sentado mal, que la conozco y es un vicio muy tonto que tiene. Voy a ver.

Me levanto, me asomo a la ventana del quiosco y veo a la Esme en camiseta de tirantes leyendo esto de un sitio de internet: “ninguna célula permanecerá sin ser tocada, experimentarás un cambio físico hasta los huesos, prepárate para un nuevo nacimiento, energías muy fuertes se renuevan dentro de ti”.

Esme -interrumpo-, ¿no crees que estás llevando demasiado lejos los ritos brujeriles?

Calla, insulsa, que me viene una oleada de poder, me responde abanicándose. Tengo que aprovechar esta onda energética. Soy prana, chi, kundalini, fuerza de vida, pregona bañada en sudor.

Pero, ¿qué le pasa?, no entiendo nada, mascullo volviendo a mi mesa.

De la garganta de la Pandora brotan risas y toses entremezcladas. La Kundalini, dice, esta mujer está más chiflada de lo que me pensaba. Ay!, que si me río mucho me da el lumbago.

“No esperes lo predecible, no te alarmes cuando te descubras de maneras totalmente distintas, tu sangre sabia y tus hormonas sabias cambian de rumbo”

-¿Llamamos a un médico?, propongo a mis colegas.

-No hace falta, hija, tú siéntate tranquila, si esto es de lo más natural, no hay que mitificarlo, es que está con la menopausia.

-Pero dice que se transforma

-Sí, en vieja. Ahora que si ella quiere creer que es la diosa Kundalini no seré yo quién le quite la ilusión.

Qué pragmatismo destila la Pandora, no sé si me gusta tanta realidad.

¡Qué linda!, exclama dulcemente la Norma sin que se sepa a qué se refiere exactamente.

Y a todo esto, el hombre misterioso sigue apostado en su banco observándonos con más intensidad que ayer, si cabe.

-Ey, Pandora, el hombre que nos mira nos está mirando.

-Claro, porque ni no nos estuviera mirando sería el hombre que no nos mira

-Nde várvaro!, suelta la Norma para acabarlo de fastidiar.

Empiezo a añorar mis aburridos días de cuidadora prototípica en la zona de columpios cuando mi mayor problema era que el Jacobín no atizara a otro niño con la pala.

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3 comentarios en “La metamorfosis

  1. Es lo que tiene iniciar nuevos negocios. Para que sigan vivos han de estar en permanente cambio. Todo lo que se detiene muere. El crecimiento no puede detenerse, hasta Montoro lo dice. La Esme es su profeta. Creed en ella y seguidla, ella os marcará el camino, la que titubee quedará atrás, desterrada de sí misma y de la vida. He dicho.

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