Día: 20 febrero, 2014

Performamos

Después de pelearnos media mañana por quién hacía qué y cómo y de que la lacia melena del Umberto deviniera en fosca, hemos conseguido ponernos de acuerdo. La Esme se ha salido con la suya y se ha quedado con el libro, a mí me ha tocado la patata con su correspondiente cuchillo para pelarla y los niños a mis pies simbolizando la fertilidad. La Norma, en vez de mirar al cielo, ha decidido él que mire el móvil porque actualmente las doncellas, o lo que sean, no están pendientes de las nubes sino de los tuits. A la Pandora, para acallar sus protestas, le ha dejado la baraja para que haga solitarios.

Aclarados estos puntos nos ha conducido hasta el paseo central del parque y nos ha colocado bien atravesadas justo en su centro para que todos los corredores, caminadores,paseadores de perros,entretendores de niños,patinadores o despistados varios pudieran contemplarnos.

¿Y cuánto tiempo tenemos que estar así, haciendo el ridículo?, ha preguntado la Pandora con su habitual mala leche.

Lo que tarde Eva en pelar la patata pero tómate tu tiempo, me ha indicado mi director artístico. Y me lo he tomado porque a cada momento tenía que salir corriendo detrás del Jacobín que no sabe estarse quieto.

Qué de gente nos miraba. Muchos se reían por pura ignorancia de lo que es una performance, otros interactuaban con nosotras, lo que quiere decir que nos decían cosas, insultos en su mayoría.

No os preocupéis, está actuando la catarsis, nos ha explicado didácticamente el señor artista antes de que la Esme se levantara dispuesta a partirle la cara a alguno.

También ha habido los que, por hacerse los entendidos en arte contemporáneo, nos observaban con mucho detenimiento y se quedaban quietos, como reflexionando.

Les estamos removiendo los cimientos inetriores, nos ha susurrado Umberto para darnos ánimos porque performar, qué queréis que os diga, es bastante aburrido.

Oye, le he chistado a Esme que hacía como que leía pero que sin sus gafas de vista cansada es incapaz, ¿no te sientes como un personaje de las Meninas?

Me pido la infanta Margarita, o mejor Velázquez, ha saltado con ansiedad. Su afán protagonista no conoce límites.

La cuestión es que el grupo que nos miraba se agrandaba por momentos, no porque estuviéramos haciendo nada nuevo sino porque la gente es básicamente borrega y envidiosa y si ven que otros hacen algo ellos también quieren hacerlo, no vayan a quedarse al margen.

Umberto estaba exultante con el éxito de lo que él denomina  su happening pero no dejaba que nos hicieran fotos ni nos grabaran alegando que es partidario del arte que no deja huella, que se hace y se deshace, de lo efímero y pasajero en todas sus manifestaciones. ¡Qué grillao está el pobre muchacho!

Cuando hemos terminado nos han aplaudido, algunos en serio y otros de cachondeo pero eso es natural, nunca se gusta a todo el mundo.

Bueno, dice la Esme, pues ahora páganos. Yo tengo que cobrar un poco más que estas porque soy la jefa. Pero Umberto ha dicho que este no era un trabajo remunerado, que no seamos mercantilistas, que nos quedemos con la experiencia de haber participado en un acontecimiento removedor de conciencias, que nos conformemos con haber suscitado asombro y provocación.

Será agarrao el artista este, que ni un triste canapé, ha mascullado la Pandora cojeando hasta su mesa de adivinar.

Por aquí no vuelvas, le ha amenazado la Esme levantando el Tao te ching con ademán de írselo a tirar a la cabeza.

No te preocupes, Umberto, majo, que a la Norma y a mí sí nos ha gustado esto del arte viviente, ¿verdad, Norma?

Muy lindo, sí, muy lindo, ha asentido ella sin dejar de mirar las fotos de su niña en la pantalla del móvil.