La Zeusa

Empujaba yo mi roca cuesta arriba con mucho suspiro y resoplido cuando mi diosa del cielo y el trueno, mi Zeusa, la Patricia, vamos, ha emergido de su templo bastante despeinada y con cara de pocos amigos.

Recordando cómo las gastan los dioses con los simples mortales, me he aferrado con fuerza al mango del plumero y he contenido el aliento. Raras veces se dirige a mí la diosa pero cuando lo hace no suele ser para entablar amistad.

¿No habrás visto un libro que tiene en la portada el retrato de un hombre con gafas, bigote y sombrero?

Ay, madre que esa pregunta me suena. Ya me la hizo cuando me llevé su libro auto editado en el que narraba depravaciones nocturnas y que tanto le gustó al Toni. De esa salí bien parada pero de esta no lo sé. Me lanza el rayo que tiene en los pies, lo veo venir.

Pues libros veo muchos,a todas horas además pero los veo, así, en general, sin concretar. Lo que es el genérico libro con sus tapas, sus páginas, sus letras y sus espacios en blanco, digo haciéndome la sumamente tonta.

Es que es raro, desconfía la Zeusa, soy muy cuidadosa con ellos y no recuerdo habérselo prestado a nadie.

Se habrá translibrado, le digo para romper el hielo.

¿Cómo dices?, pregunta ella demostrando muy poco sentido del humor. Qué serios son los dioses.

Que digo que estará en la estantería escondido entre otros. Dices que tiene la foto de un hombre con sombrero, bigote y cigarro.

Yo no he dicho cigarro, he dicho gafas.

Que me delato, tonta de mí. Pero la Zeusa no sospecha, no porque se fíe plenamente de mi persona sino porque no me considera capaz de aventuras literarias.

Lo demás puede esperar, necesito ese libro para un trabajo que estoy haciendo, súbete a la escalera y búscalo. Se llama Libro del desasosiego. Y retrocede majestuosa hacia su templo.

Desasosiego el que me está entrando a mí de imaginarme al Toni acodado en su barra y exponiendo a Pessoa a manchas de grasa y salpicaduras de café.

Ni rechisto, qué remedio, me encaramo a al escalera consciente de la inutilidad de mi labor, por algo soy la Sísifa, y finjo que busco. El poeta es un fingidor y la empleada doméstica también.

De paso aprovecho y miro los futuros títulos con los que voy a alimentar mis hambres de saber. Pero no os los desvelo todavía por lo de mantener la emoción.

6 comentarios en “La Zeusa

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