Palabras de amor

Vamos, vamos, Fernando, no opongas resistencia y vente conmigo ahora que el Toni duerme. Sí, ya sé que te gusta su compañía porque sois tal para cual, dos agonías. Lo siento, pero no te puedes quedar aquí, tengo que llevarte con la diosa de los escritos, con la Zeusa del eterno teclear, mi jefa laboral, esa misma. Es que le perteneces, son esclavitudes propias de los libros. Pero no pongas esa cara de angustia, hombre, si vas a estar muy bien aunque prepárate a ser diseccionado, interpretado y analizado porque va a hacer un trabajo sobre tí, que me lo ha dicho.

Los chinos, nos petan el planeta, masculla el Toni entre atormentados sueños orientales. Corre, al bolso, rápido que se despierta y nos la lía. Y luego al autobús y luego a tu estante correspondiente o mejor te pongo en otro sitio para que la Patricia no sospeche. Y salgo de casa con Pessoa a cuestas dejando al Toni con su pesadilla. Nube de humo negro, Pekín, se acerca, le oigo rebullir antes de cerrar la puerta.

Bueno, pues ya estamos en el autobús y te voy a leer un rato que, en realidad, casi no he tenido oportunidad de estar contigo. Abro el libro azarosamente y leo con asombro:

 ¿Cómo no adorarte, si solo tú eres adorable?, ¿cómo no amarte si solo tú eres digna de amor?, ¿quién sabe si al soñarte no te estoy creando, real en otra realidad; si no serás mía allí, en otro mundo puro, donde sin cuerpo táctil nos amemos, con otras formas de abrazos….”

Pero bueno, Fernando, esto no me lo esperaba de ti. Y sigo leyendo:

“realizadora de los absurdos, seguidora de frases sin nexo…” Ay, qué nervios, si me parece que se refiere a mí.

Levanto la mirada para comprobar si alguien me observa pero todos están enfrascados en sus móviles. Estamos solos, Fernando, sigue hablando. Y me dice él con la seguridad que da la palabra escrita: “tú no eres mujer,no tienes realidad, ni siquiera una realidad solo tuya. Sé siempre en la vida aquello que pueda ser el sueño de un solitario, cumple con tu deber de mera copa, cumple con tu oficio de ánfora inútil. Que tu genio sea el ser superflua, tu vida el arte de mirar, de ser la mirada. No seas nunca nada más”.

Cierro el libro y me bajo en mi parada dando tumbos. Estas palabras tienen que ser solo para mí, no quiero que se las diga también a la Zeusa. Con mucho cuidado arranco la hoja donde están escritas, me la guardo en el bolsillo del abrigo y corro bajo el chaparrón.

El corazón me late muy fuerte cuando coloco a Fernando junto a un tal Joyce que, casualmente, también lleva sombrero, bigote y gafas redondas. Perdona por haberte mutilado, le digo bajito. Que seas feliz.

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9 comentarios en “Palabras de amor

  1. Hay pocos actos tan literarios -aunque pueda parecer una salvajada- como el de arrancar una hoja -o varias- de un libro, doblarla y meterla en el bolso, o en un bolsillo, para leerla luego otra vez, ya a salvo del resto del libro, y a salvo del mundo.

  2. Ya me parecía que llevabas mucho rato con Pessoa sin vacilarle un poco. Es que, hasta para lo bonito, eres una descreída. Y encima le arrancas esa hoja tan cursi. No me digas…ni que lo hicieras apostamente.

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