¡Al fin lunes!

Que no lo digo yo, lo dice la Esmeralda y también dice que si llega a durar un día más el fin de semana hubiera cometido un hijicidio. Que ya se estaba imaginando a sus vecinas en bata declarando en las noticias, “no, si era una mujer muy normal, nos saludaba siempre, y los hijos también eran normales, un poco raros vestidos y un poco vagos pero es la edad, luego se les pasa, claro que a estos pobres no se les va a pasar ya”.

Pero no llores, Esme, que tus hijos están vivos y tú no has hecho nada malo. No, si ya, dice ella entre gipidos, pero he tenido ganas. El chico, el Jonás, encerrado en su cuarto jugando on line al juego ese de matar personas, de estrategia dice que es, pero yo no le oía más que gritar como un loco furioso, “tira ya la bomba, te machaco, estás muerto”. Hija, que parecía que me había estallado la tercera guerra mundial en el salón. Luego pongo el telediario y me salen los rusos invadiendo Ucrania. Y todo este clima bélico sin salir de casa.

Y la chica, la Anais, metida en el baño  acicalándose y probándose modelos para el carnaval toda la santa tarde para elegir al final lo más feo que tenía y te aclaro que todo lo que tiene parece comprado por el enemigo. Luego no ha vuelto hasta las cinco de la mañana. Ni dormir he podido pendiente del ascensor y con la radio encendida por si decían algo de jóvenes secuestradas o con comas etílicos o ambas cosas. Y cuánta soledad, venga a ver llover por la ventana.

Pues sal con amigas o algo, Esme, no te quedes encerrada.

Están todas con pareja y siempre voy de pegote. No me ha quedado más remedio que apuntarme a un chat de esos de buscar novio.

Pero, ¿qué dices?, si tú no crees en el amor que me lo dijiste un día, que la felicidad nunca te viene por ahí, que hay que buscársela una misma.

Yo digo y luego desdigo y me contradigo todo lo que quiero. Antes quería estar sola y ahora ya no. Y además me he puesto a régimen y tú también te vas a poner.

Ah, no, maja, yo a dieta no me pongo que me mareo y caigo de lleno en los trastornos alimentarios que yo soy muy propensa a todo tipo de trastornos.

Pues si eres amiga mía te tienes que poner para hacerme compañía y darme ánimos y no dejarme desfallecer.He traído  esta revista que nos dice cómo lo tenemos que hacer. Mira, lee.

Y leo: depúrate, tonifica tu cuerpo, exfóliate, adelgaza, hidrátate, endurécete…..pero ¿qué me quieren hacer a mí estas mujeres tan idiotas? No me pienso dejar, que lo sepas, Esme.

Pero ella ya está a otra cosa. Y ahora nos vamos corriendo hasta el fondo del parque para quemar calorías y de paso vemos los almendros que ya están en flor. El quiosco que lo cuide la Pandora mientras tanto.

Ve yendo tú que ahora te alcanzo, le he dicho por ir haciendo tiempo y evitarme la sofoquina del footing que va muy poco conmigo y con mis más arraigados hábitos contemplativos. Y desde mi cómoda posición la he visto salir corriendo con muy poco estilo pero mucha entrega, eso sí hay que reconocérselo.

Pobrecilla, dice la Pandora, no se resigna a entrar en los reinos de la invisibilidad y la fantasmagoría.

¿Y eso tan bonito y como de cuento qué es, Pandora?

Pues eso es cuando ya, por mucho que hagas, no te mira ni el tato. Cuesta un poco acostumbrarse pero también tiene sus ventajas. Pasas de ser observada a ser observadora,pasas de ser esclava de tu imagen a que todo ya te toque un pie. ¿De qué te has traído hoy el bocadillo?

Y lo hemos compartido tan ricamente usando como plato la revista esa de las mujeres torturadoras. ¿Quieres tener un cuerpo diez?, he leído entre migas que me preguntaban ellas. Pandora, mira lo que dicen estas, que si quieres tener un cuerpo diez.

Con tenerlo, sea del número que sea, y que no me duela, me conformo.

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3 comentarios en “¡Al fin lunes!

  1. Yo entiendo a la Esme, el telediario este finde también me causado esa sensación de que todo se nos va de más manos. Menos mal que minififi de momento, ni jugos online ni 5 de la mañana, de momento. Pero dile que, para buscar un novio no le hace falta ninguna dieta, que sólo tiene que encontrar uno que la quiera como es y que le haga reír mucho. Con eso, la felicidad vendrá sola. Y si no aparece, mejor sola.

  2. Es mentira. Nadie quiere que adelgacemos. Lo que quieren es que nos gastemos la pasta en comida especial, tratamientos, medicinas, equipos deportivos, gimnasios e innumerables cosas más..
    Yo creo que, si quisieran que adelgazáramos, lo primero que nos dirían es que dejáramos de una vez la “dieta de la selva”, o sea, comer como una fiera. Luego ya, podríamos hablar. Y, además, ¿qué es eso de “comer sano”? Menudos negocios. La industria alimenticia no dejará que adelgacemos, nos mandará, eso sí, quemar y quemar energías, como si fuéramos máquinas, para que no reventemos y sigamos comiendo. Huy, qué rollo.

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