La creación literaria

Si canto porque canto. Que no cante. Si arrastro una silla porque la arrastro. Que no la arrastre.  Si llamo al Jacobín porque lo llamo. Que no lo llame tan fuerte. Si estornudo que no diga después Jesús, María y José. Si estoy tendiendo y saludo a la empleada de la vecina que haga el favor de no hablar por los patios. Vamos, esta mujer me quiere coartar en mis más básicas funciones vitales y yo, así, os lo digo de verdad, no rindo.

Lo que pasa es que tenemos oficios altamente incompatibles. El suyo, el de escribir, requiere silencio y al mío, el de poner orden en el desorden, enderezar lo torcido y apañar lo sucio, le viene bien un poco de jaleo para no sucumbir. Porque me veo que si sigo sometida a estos regímenes monásticos, sucumbo pero con todo el equipo.

¡Qué aburridos y qué pelmazos son los escritores y qué vida tan solitaria llevan! Mira la Patricia, todo el día encerrada en su recinto de la creación con cuatro velas aromáticas por toda compañía. Pero mujer, sal un poco a la calle a que te dé el aire, a mezclarte con la gente, a dejarte arrastrar por las corrientes de la vida. Sal y habla y que te hablen.

Porque, digo yo, ¿de qué experiencias escribirá si no experimenta nada? A lo mejor está escribiendo sobre la pared de enfrente, todo es ponerse y echarle imaginación. Si el tema en realidad no es tan importante, mira Joyce qué argumento tan simplón, el día de un señor que va por la calle, y el  lío tan gordo que  montó con eso.

No sé yo los enredos que andará fabricando la Patricia. Lo mismo es de las sumamente perfeccionistas que escribe y luego destruye lo escrito porque no le satisface lo suficiente y al día siguiente vuelve a empezar, prueba de otra manera, le da la vuelta, lo lía más, se desespera.

Pues si te desesperas tanto no escribas, si el mundo está lleno de palabras, no necesita más, quédate tranquila y vete a dar una vuelta y a tomarte un café con tus amigas. Si es que las tienes, claro, porque las amigas se pierden si no les haces caso y tú, maja, llevas mucho tiempo sin hacer caso a nadie, incubando el huevo.

¿Ahora hablas sola, Eva?, pues lo que nos faltaba. ¿Qué decías de amigas y huevos?

No. Nada, cosas mías.

Eres todo un personaje, va y me suelta observando con mucha atención cómo pelo las judías verdes. ¿Qué interés puede tener eso? Para mi ninguno pero para ella a lo mejor sí. Cualquier día me saca en sus escritos, como no tiene a mano nada mejor….

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3 comentarios en “La creación literaria

  1. No hay manera de hacer nada cuando continuamente te están cortando tu revesino. Es una injerencia insoportable en tu propio orden personal y un ataque a tu individualidad singular y una falta de respeto a tu propia mismidad. He terminao.

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