Historia de amor con claves de búsqueda (2)

T. se está enamorando de E., o eso cree él. El aburrimiento es capaz de fabricar muchos espejismos. La soledad también. Sin desmerecer sus encantos, E. lo tiene fácil, carece de competencia, es casi la única mujer a la que  trata T, a excepción de la panadera que no tiene lindos pies y de la cajera del supermercado donde hace la compra, que tampoco. Ve a otras mujeres de las que también podría enamorarse pero su fugacidad no se lo permite. Solo E. permanece, solo con ella comparte tiempo y espacio.

Clas, clas, clas, oye a todas horas. Quién fuera chancleta, piensa y se asusta de su propio pensamiento. Le gustaría contárselo a alguien pero no sabe a quién. A su hermano no, no le entendería, a su mejor amigo tampoco, acaba de separarse y está deprimido, al grupo de colegas con los que sale de cañas menos, se cachondearían. Pues a google, claro. Y se lo cuenta aunque rebajado. “Me gusta la empleada” revela al buscador.No puede ser, está otra vez en ese blog absurdo, parece una maldición o una burla del destino.

Intenta acercamientos, aproximaciones pero ella friega, plancha, cocina, chancletea, lava su ropa algunos días y se va sin darle la menor confianza. A veces sonríe pero es una sonrisa de compromiso, eso se nota, él lo nota.

E., por su parte, se siente acosada. Empieza a estar muy incómoda en esa casa, ese hombre siempre le está mirando los pies. El no le gusta, es muy esmirriado, a ella le van los hombres con fuerza, capaces de descargar camiones o de cavar zanjas, los teletrabajadores no son su tipo. Si al menos le dijera algo interesante o divertido pero tampoco. No sale de lo mismo: ¿ te falta lejía?, hoy empieza mejor por la cocina, ayer llovió y los cristales están sucios. Si no fuera porque necesita el dinero se iría y si no fuera por lo de los turnos y las peleas, no lavaría su ropa en casa de T., le ha visto oliendo sus medias. La verdad es que le tiene manía y así se lo confiesa al máximo receptor de secretos de todos los tiempos: “soy empleada doméstica y tengo manía a mi jefe“.

Pero él no se rinde y busca nuevos sistemas de conquista. Después de mucho pensar decide que el mejor es la palabra. Si le dice algo bonito ella se ablandará pero no se le ocurre nada especial, no sabe qué le gusta a E., ignora cómo hay que hablar con una empleada doméstica. Por eso vuelve a la carga e interroga al sumo respondedor: “qué palabras bonitas puedo decir a la empleada doméstica“.

Bueno, ofuscado teletrabajador, te voy a ayudar por si vuelves a estrellarte aquí. Utilizando tus mismos sistemas, me he puesto a rastrear y esto es lo que he encontrado. Es un poema de Mario Benedetti que se titula Pies hermosos y que empieza así : la mujer que tiene los pies hermosos nunca podrá ser fea. Mansa le sube la belleza por tobillos pantorrillas y muslos…

Puede que T. lo completara, lo escribiera en un papel y lo sujetara con una pinza junto a las medias para que E. lo leyera al recoger la colada o puede que se lo recitara de sopetón nada más abrir la puerta. La reacción de E. no la conozco , ella no ha vuelto por aquí pero lo que sí sé es que a T. le dejó hecho un lío. Su última y desconcertada búsqueda decía: “cómo interpretar a la empleada doméstica”

5 comentarios en “Historia de amor con claves de búsqueda (2)

    1. A ver, Gpunto o punto G, que no te enteras, se nota que me lees poco y mal. E. no es la Esme es una empleada cualquiera. Y en cuanto a lo de los olores, has tenido gracia, te lo admito pero ya sabes que hay gustos para todo.

  1. A un teleoperador no deberían faltarle palabras. Claro que por teléfono y a desconocidos puede ser distinto de en directo. Los teleoperadores pueden ser tímidos aunque, por su trabajo y sin mediar provocación, puedan llamarte cuando quieran para ofrecerte, llenos de amabilidad, cosas que ni deseas ni has pedido. Deberían tener práctica para hacer esto en directo. Digo yo.

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