Día: 2 abril, 2014

Entropía

Buenas tardes, Eva, me saluda don Margarito muy coherente aunque en pijama, con los cuatro pelos que tiene todos revueltos y sin afeitar.

Marchamos por el pasillo, él delante y yo detrás pero antes de llegar a la sala donde me espera su madre, se detiene frente a un espejo de marco dorado y señalándome su propia imagen me dice muy serio: Eva, te presento a mi tío Andrés. Tío Andrés, esta es Eva, la dama de compañía de mamá.

Encantado de conocerte, Eva, es un enorme placer y perdona las pintas que llevo hoy pero estoy un poco acatarrado y no he tenido ganas de arreglarme, habitualmente cuido mucho mi imagen, se excusa el tío Andrés desde el otro lado el espejo.

Madre mía y eso que me había parecido que tenía el hombre la tarde bastante cuerda.

Disculpa, Eva, dice entonces el don Margarito volviéndose hacia mí y dejando a su tío de espaldas, pero tengo que comentar unas cuestiones de vital importancia con mi tío. Ya sabes donde está mi madre.

Adiós, Eva, que pases buena tarde, me despide la replica exacta del Margarito llamada tío Andrés inclinando galantemente la cabeza.

Ya en la sala del fondo me encuentro con doña Margarita. Lleva dos lazos rosas en las trenzas y unas medias de rayas de colores.

Buenas tardes, doña Margarita, ¿qué tal está?

Sin novedad en el frente, me contesta ella como si fuera una muñeca parlante.

¿Ya te han presentado al tío Andrés?, me pregunta torciendo la boca en algo que quiere ser una sonrisa.

Pues sí, ahora mismo.

Pobre hijo, está entrópico perdido. En el fondo, qué más da, la entropía nos ataca a cada uno de una manera pero sea como sea, todos acabamos sucumbiendo a ella.

Pues no la entiendo.

Abre ese cajón de ahí, me ordena ella.

Lo abro y veo un interior todo revuelto. Hay clips, papeles diversos, caramelos, una pinza de la ropa, pilas, un lápiz sin punta y muchos otros objetos enredados y revueltos descansando sobre un fondo de polvo.

Si quiere se lo arreglo, le propongo.

Ni te molestes, te lo he enseñado para que captes el concepto de entropía. Todo tiende al desorden y al desmoronamiento y no hay vuelta atrás, los procesos son irreversibles aunque toda nuestra vida humana sea una lucha para mantener el orden dentro y fuera de nosotros mismos.

Qué profunda es usted, doña Margarita.

Sí, a veces, ¿te gusta mi nuevo look?, me pregunta señalándome coqueta los lazos rosas de sus trenzas y levantando en el aire los palos rayados que tiene por piernas.

Está usted muy guapa, muy alegre el conjunto, digo por quedar bien y ponerla contenta.

Bueno, pues ahora ponte a leer, sigue con el Ulises a ver si lo terminamos de una vez y podemos pasar a otro menos aburrido. Escribir también es un intento de combatir el caos y el desorden, ¿no te parece?

Yo es que a esas preguntas no sé que contestar, por eso me callo y leo.