Día: 7 abril, 2014

Maratón

Domingo 7:30 suena el despertador. El Toni lo acalla de un manotazo, da una patada a las sábanas y se levanta muy bruscamente. ¿Dónde irá este hombre tan temprano? ¿Dónde vas a estas horas?, le pregunto medio en sueños.

Al parque ese que dices que es tan bonito y que tiene tantos árboles y pájaros, a disfrutar de unos momentos de paz y naturaleza antes de que lleguen ellos.

¿Ellos?, ¿los enemigos?

Sí, esos, la gente. Es primavera, ya me lo sé de otros años. A la que te descuidas está todo lleno de familias pertrechadas de bicis y patines, de niños que gritan a los padres y padres que gritan a los niños, de los que hacen pic-nic en el césped, de los grupos chillones de adolescentes, de los del acordeón que siempre tocan el mismo trozo de melodía sin terrminar nunca la canción, de las parejas empalagosas que parece que no se han visto en todo el invierno, de….

El mundo en su variedad y diversidad, vamos.

Si, sí, todos esos, me voy corriendo antes de que lleguen. Adiós. Portazo.

Al cabo de dos horas y justo cuando me levantaba para desayunar apaciblemente, vuelve a casa el hombre de las cavernas, viene todo sofocado y sudoroso, se tira sobre el sofá y se frota las rodillas con cara de dolor.

Pero, bueno, ¿de dónde vuelves que parece que has corrido un maratón?

Ni menciones esa palabra, me dice él con cara de loco de atar, qué ingenuo he sido al pensar que podría hallar la paz en esta ciudad, ni madrugando, siempre hay gente, muchedumbres haciendo algo, sea lo que sea pero en mogollón y con ruido. Hoy eran esos, los del deporte. Ya estaban todos allí, con su música atronadora, su megafonía exaltando los ánimos, sus masas enardecidas jaleándolos, invadiendo el parque con esa absurda costumbre de correr en masa.

Pero, ¿de qué me hablas?

Por lo menos eran veinte mil, corrían y corrían y yo también he corrido en dirección contraria intentando huir del ruido, de la locura colectiva, de los aplausos y los vítores, he corrido todo el parque hasta llegar al final pero los pájaros no estaban, se habrán asustado, lógicamente, ante semejante jauría humana. Si me lo tenía que haber imaginado. ¿Tenemos hielo?

Si, ¿para qué lo quieres?

Para las rodillas, he tenido que volver andando porque estaba cortado el tráfico y no circulaban los autobuses. No me pienso mover del sofá en lo que queda de día.

Pero si el día acaba de empezar y hace muy bueno, vamos a dar una vuelta.

Tú date todas las vueltas que quieras que yo ya no salgo de casa.

Pero, Toni…

Miedo, mundo exterior, extrañas y aberrantes costumbres, le oigo mascullar.