Día: 8 abril, 2014

Dolor

Me duelen las cortinas y el sillón y el suelo me duele y ese reloj cada vez que suena me duele y duele. Me duele el sonido del televisor en la otra habitación, me duele la lámpara y el techo del que cuelga y los lazos de las trenzas y las rayas de los calcetines. Hoy tengo dolor, ¿sabes, Eva? y cuando tengo dolor nada me importa, solo me importo yo. El dolor es muy egoista, nos encierra en nosotros mismos y no nos deja percibir nada más, el dolor es absorbente y celoso, nos quiere solo para él y lo consigue.

Pero, doña Margarita, ¿qué le pasa hoy?, me está dando usted mucha pena, ¿cómo puedo ayudarla?

No me puedes ayudar,ante el dolor estamos solos , alguien nos puede compadecer, como tú a mí ahora, alguien nos puede comprender porque tuvo algún día un dolor parecido pero nada separa tanto a las personas como el dolor. Y no me hables ni me hagas hablar que eso también me duele.

A lo mejor si se distrae… puedo leer o contarle algo, si quiere le hablo del Toni que es mi pareja o de la Esme, una amiga que tengo del parque o de gente de mi pueblo.

Pero ella ha cerrado los ojos y se ha sujetado la cabeza entre las manos. Los tiroleses han salido a bailar los muy desconsiderados y la primavera ha estallado fuera con toda su luz y su colorido, totalmente indiferente. La veo tan frágil y desvalida perdida entre las flores del sillón que seguramente también le duelen que me están dando ganas de ponerme a llorar. Como no sé qué hacer le agarro una mano y se la aprieto un poco, no mucho porque la tiene muy flaca y se la puedo romper. Ella me aprieta a mí la mía y luego afloja. Y así pasamos la tarde mientras el mundo sigue circulando con sus prisas, sus quehaceres, sus ambiciones, sus olores y sonidos, atropellando al que no entra de lleno en su corriente, ajeno.