Ausencia de dolor

Pero bueno, doña Margarita, si está usted resplandeciente, le digo contemplándola con asombro. Y es que ni rastro de la ancianita desvalida y sufriente del otro día. Se ha soltado las trenzas y lleva sujeta la melena blanca con una horquilla de gato, se ha puesto medias nuevas con el mismo gato estampado en colores y un vestido azul. Ya no parece asfixiada por las flores del sillón sino que da la impresión de reinar sobre ellas como una ninfa. Decrépita, eso sí, pero con cierta ajada belleza.

¿Serán mis nuevos poderes chamánicos que empiezan a manifestarse sin que yo me haya dado cuenta, será la energia sanadora de la que habla la Esme? Huy, qué ilusiones me estaba haciendo. Pero no, yo no he tenido nada que ver, ella me ha explicado el motivo. Resulta que ayer se presentó un chamán verdadero y le puso unos parchecitos por aquí, unas inyecciones por allá y unas pastillitas muy ricas, según ella.

Ayer me pasé todo el día dormida y mareada pero hoy, con la dosis ya ajustada, me siento una persona nueva. Entiendo a los drogadictos, me susurra al oído para que no oiga esta confesión don Margarito que está viendo la tercera temporada de “Perdidos” en el cuarto de al lado. Qué vicio tiene con esa serie tan absurda que le ha dejado Jacinto el portero, ahora que si le sirve de evasión…no me opongo.

Entonces, ¿ya no le duelen las cortinas, ni la lámpara ni las rayas de las medias?

Las medias de rayas las he tirado, por si acaso. Mira estas qué monada, me enseña alzando sus palillos con pie al fondo.

El mundo se ha suavizado, ya no tiene aristas que se clavan y que hieren. Es como si le hubieran pasado una lima quitándole todas sus asperezas, ya no pincha ni desgarra, da gusto deslizarse sobre él, transitarlo.

Qué cosas más bonitas dice cuando se pone, me las voy a apuntar en un papel para escribirlas luego en un blog que tengo.

Yo también tuve mucho tiempo un bloc donde escribía, lo guardaba en un cajón de la cómoda, dice ella ajena a las modas de aventar por los aires pensamientos y sentimientos sin pudor alguno.

Abre bien las cortinas que entre toda la luz de la primavera. Me siento plenamente feliz y es por el contraste entre los penosos días pasados y el de hoy. El hombre prudente solo anhela la ausencia de dolor y no precisamente el placer.

Eso lo tiene escrito en su bloc, ¿a qué sí?

No, es de Aristóteles. Pero a medida que se nos olvida el dolor su simple ausencia ya no nos basta y volvemos a buscar estímulos y placeres. Esto ya es mío, somos así, no tenemos remedio.

Tralarí, tralará, cantan y bailan los tiroleses en la estúpida felicidad de su mundo del reloj : indoloro, incoloro e insípido.

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6 comentarios en “Ausencia de dolor

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