La casita

Después de vomitar todo lo vomitable acunados a ratos por el réquiem de Verdi y estimulados a otros por el I,m happy de Pharrell Williams,  curva tras curva y tras curva que ya creía yo que nos habíamos empantanado en algún bucle del espacio/tiempo y de ahí ya no íbamos a salir, pues hemos llegado.

Casita, casita no llamaría yo a esos predios, para casita la  de la Pili y el Josean que está dentro de los citados terrenos pero la vivienda donde moran en sus ratos de ocio mis jefes no tiene nada de casita por mucho que ellos se empeñen. Colocar un diminutivo  a algo tan enorme es extraño pero, en fin, será para quitarse importancia. Ahora que también os digo que todo lo que tiene de grande lo tiene de fea. Por fuera no, la fachada y el jardín dan el pego pero los interiores, madre mía, no es que yo sea experta en decoración pero qué horror de mobiliarios, qué abominación de cuadros, qué pesadillas de cortinajes y qué …a lo mejor es que todavía estaba mareada pero la primera impresión no ha sido buena.

Al niño y a mí nos han asignado el llamado cuarto del piano, un dormitorio en la segunda planta sin rastro de instrumento musical alguno. Tal vez en épocas pasadas y de mayor gloria albergó un piano y de ahí su nombre. Lo que sí contenía era un óleo sobre lienzo ( creo que se dice así) de un señor de rizado bigote con aspecto de asesino en serie de otra época que le ha dado mucho miedo al Jacobín. Yo no sabía cómo calmar sus aterrorizados llantos, entre otras cosas porque yo también tenía miedo y eso los niños lo notan. Al final, se me ha ocurrido tapar la imagen del hombre malo con una toalla pero agazapado tras ella casi nos asustaba más por si le daba por salir bruscamente.

Vamos a dar una vuelta por el jardín, Jacobín, guapo, y si es necesario bailar flamenco, taconear y palmear para ahuyentar el pánico, pues lo haremos, le animo dándole la mano para bajar por las escaleras.

¿Quieres ver un cristo llagado muy precioso con toda su sangre resbalándole por los miembros? Lo tienen en la capilla, me intercepta la tal Pili apareciéndose en el rellano e intentando, supongo, ser hospitalaria.

Pues mira, Pili, lo dejamos para mañana que ahora nos vamos un rato al jardín.

Y allí nos hemos encontrado con la Patri jugando a ser Elizabeth von Arnim (la que tenía un jardín alemán y era muy feliz en él, he leído ese libro y es muy bonito) bajo los tilos y los lilos. Para no interrumpirla en su éxtasis pastoril nos hemos ido a otra zona más alejada donde crecen muchos pinos muy largos y flacos.

¡Cuidado!,  nos ha gritado la Pili asomada a una ventana, la última vez que alguien se puso en esa parte del jardín se cayó un pino y lo mató.

Y ronda la tormenta, ha añadido el Josean personándose de golpe, pertrechado de rastrillo y carretilla.Los rayos son muy peligrosos y más aquí con tanto árbol. Ahí a la izquierda tienes un tobogán para entretener al chiquillo pero ándate con ojo que está oxidado y se puede agarrar un tétanos por menos de nada.

Pues vaya con la villa de los mil peligros. Menos mal que el husband espantaba todo lo tétrico del lugar con sus gritos y sus risas a través del móvil. Le he oído decir algo de barranquismo, rafting, y paint ball todo ello aderezado con carcajadas adrenalínicas. Ay, Patri-Elisabeth!, aprovecha para contemplar, meditar y extaxiarte entre pájaros, árboles, lunas y flores porque te queda poco. La multiaventura te acecha y no vas a poder escapar, te lo digo yo.

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8 comentarios en “La casita

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