Todo vuelve a su ser

Ya estamos de vuelta, ahora que el Jacobín  empezaba a asilvestrase y a vivir feliz triscando por campos y jardines. Ha descubierto que hay seres pequeños sobre los que tiene poder, las hormigas, en concreto, y se ha divertido mucho jugando a entorpecer sus afanes o a masacrarlas, directamente. Ya le he dicho que eso no está bien y que hay que respetar a todas las criaturas que la tierra habitan porque todas son necesarias, cada una a su manera. Ni caso me hacía y seguía mata que mata disfrutando con saña de su recién nacida faceta de pequeño y pérfido dios. Qué niño!

Yo, por mi parte y por entretenerme con algo, me puse a jugar a que era la señora de la casa porque mis jefes desaparecieron muy temprano en pos del riesgo y la aventura. Es un juego muy fácil y apto para todos los públicos,  solo hay que imaginar. Imaginé que estos lares eran míos, que yo era rica y no tenía que trabajar para ganarme el sustento, que acababa de hereredar la villa  y que la decoraba a mi antojo. Me metí o entrometí más bien, por todos los cuartos o estancias para darle mayor verosimilitud a mi fantasía. Al final, estaba tan cansada de mover muebles, desplazar tabiques y tirar azulejos mentalmente que me quedé dormida a la vez que el Jacobin que también estaba agotado de su matanza himenóptera. Nos despertó la Pili esa.

Despierta, guapa, despierta, me zarandea, que el Josean y yo nos vamos al pueblo a ver la procesión y os tenéis que quedar solos. ¿No tendrás miedo?, pregunta mirando el cuadro tapado con la toalla.

Era el bisabuelo del sito Pelayo, dicen que se trastornó de tanto escuchar el viento entre los pinos como un lamento y un buen día, zas!, pal otro barrio, así, de golpe. Qué pena, todos sea van, todos nos tenemos que ir, yo también he estado a punto de irme, he tenido ya dos muertes súbitas y ¿sabes qué?, he visto la luz.

La luz, ¿qué luz?

La que dicen que se ve justo antes de morir. Es verdad, no es leyenda, se ve una luz muy brillante que te envuelve y te atrapa, me metía en ella y ya estaba dejando de ser Pili para ser solo luz cuando volví. No era mi hora, claramente. Bueno, nos vamos, en la cocina he dejado unas torrijas por si os entra el hambre.

Ay, madre, que yo también estaba escuchando ese lamento o quejido de angustia enredado entre los pinos, ni con la tercera torrija se desvanecía mi inquietud y eso que estaban muy buenas. Mira que si me trastorno….ya no tenía ganas de jugar a que era rica. Mira que si me da la muerte súbita y me hago luz. Mira que si zas! Qué añoranza de mi vida cotidiana con sus trabajos incluidos, qué morriña de mi micro-piso de alquiler con vistas a una pared y el Toni refunfuñando dentro, qué nostalgia de mis calles sucias de Madrid, de mis amigas del parque, de la doña Margarita, de mi madre por teléfono, de mi existencia toda. No quiero ser rica ni decorar mansiones, quiero ser yo, la Evi, sencillamente. No quiero ser luz, no me quiero morir, todavía no.

A esa conclusión acababa de llegar cuando regresaron ellos, mis jefes, exultante él, derrengada ella. Me daban ganas de explicarle al Pelayo que la Patricia es una flor delicada y que como tal tiene que tratarla, que no se empeñe en meterla en esos trajines que a ella ni le gustan ni le sientan bien. La prueba es que se tomó una pastilla y se encerrró en su cuarto y él despareció otra vez  haciendo mucho ruido a lomos de una moto de cuatro ruedas que luego me he enterado que se llama quad. Al lado de estos dos ,el Toni y yo, con todas nuestras discrepancias e incompatibilidades, parecemos almas gemelas.

Ahora estoy aquí en mi puesto de trabajo poniendo lavadoras a todo poner. Lo que voy a tener luego que planchar, pero no me importa, me siento feliz de haber recuperado mi vida de cada día sin haber sucumbido a trastornos ni muertes súbitas, sin haberme hecho luz. La Patricia también está bastante contenta de haberse quitado de encima al señor hiperactivo, hipersociable e hiperplánico ( de que hace muchos planes) que tiene por marido y de haber retomado su paz cotidiana y sus dominios creativos. El Jacobín anda buscando infructuosamente hormigas por el parqué. Todo ha vuelto a su ser.

 

 

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