Día: 6 mayo, 2014

Cambio de armarios

Hoy vamos a hacer el cambio de armarios, me comunica mi jefa y señora con gran dramatismo. Cómo le gusta crear situaciones lúgubres a la Patri, si parecía que íbamos a enterrar a alguien en vez de a sacar la ropa de verano y guardar la de invierno. Además, ese vamos en plural, como he podido comprobar casi al instante, no estaba bien empleado porque la única que ha hecho el cambio de ropas y ropajes he sido yo. Ella me miraba desde abajo, sentada con cara de velatorio en el borde de su cama y con un dedo iba dándome indicaciones al tiempo que suspiraba.

Saca esa caja de ahí, coloca esa otra, mete esos abrigos en fundas, súbelos, apila todo lo de lana y tápalo, baja esas perchas con pantalones, sube estas otras, eso a ese montón que es para lavar, eso a ese otro que es para planchar, eso al de más allá que lo voy a dar, ya no me lo pongo. Y así, cual mula de carga me ha tenido toda la mañana subiendo y bajando de la escalera, brazos arriba, brazos abajo, caja que levanto, caja que dejo de levantar. Y que encima ella sea la flaca y yo la gorda…

Pero no era de las injusticias de la vida, que son muchas y variadas, de lo que quería hablar sino del trastorno que todo cambio provoca en la Patricia. A medida que yo trajinaba, a ella se le iba poniendo mala cara, una palidez, unas ojeras marcadas, unos pómulos cadavéricos….Odio todo esto, me ha confesado en un arrebato de sinceridad del que enseguida se ha arrepentido porque a continuación se ha adentrado en un silencio mortuorio.

¿Qué será ese “todo esto” tan misterioso? Puede que se refiera a pasar toda la mañana conmigo encerrada en una habitación dedicada, aunque sea solo de palabra, que no de obra, a aburridas obligaciones domésticas cuando podría estar escribiendo. Pero aunque estoy segura de que eso también lo odia, creo que se refería a algo mas profundo relativo al paso del tiempo. Lo deduzco porque la he oído decir en voz muy baja -esto ya no lo quería compartir conmigo que tampoco conviene darme muchas confianzas-  algo sobre que ya estaba el verano encima otra vez y ella no se había dado ni cuenta. Luego ha suspirado muy profundamente.

Yo, por mi parte, más que suspirar, que va poco con mi personalidad, he resoplado  porque el tiempo pasará muy deprisa, que no digo yo que no, pero es muy engañoso y mientras fluye y fluye y no deja de fluir, juega a hacerse el estancado y el detenido para engañarnos.  Qué mañana más eterna y más cansada. Casi que le he tenido que agradecer al señor tiempo esa propiedad suya de ir siempre hacia delante sin detenerse jamás porque así, subida en sus inquietos lomos, he podido salir del cuarto de la Patricia, liberarme de cajas, armarios y bolsitas anti-polillas y llegar hasta el parque.

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