Hormigas

A mi casa han llegado hormigas. Las descubrí hace dos días mientras barría las migas de la cena. Son tan diminutas que se podrían confundir con cualquier residuo de los que anidan debajo de las mesas si no fuera porque se mueven, delatando así su condición viviente.

No es que yo disfrute matando seres pequeños sobre los que tengo cierto poder, como le ocurre al Jacobín, pero como tampoco quiero convivir con hormigas, que bastante tengo con el Toni, pues las arreé tres escobazos y las envié comatosas o definitivamente fritas al cubo de la basura. Luego me quedé pensando en si el resto de las hormigas, porque está claro que hay más, echarían de menos a sus congéneres difuntas o por lo menos detectarían su ausencia.También reflexioné sobre si volverían al lugar donde sucedió la tragedia o, escarmentadas, lo evitarían.

A la primera pregunta no he sabido responderme pero a la segunda sí porque hoy, otra vez, estaban ahí afanándose en atrapar las migas para llevárselas al hormiguero. O no son muy inteligentes o la necesidad aprieta y han decidido arriesgar. En eso me recuerdan a muchos seres humanos.

Me inquieta ese mundo subterráneo que vive debajo del mío y con el que solo me puedo comunicar a burdos escobazos. En realidad, su vida se parece bastante a la nuestra:  luchan por subsistir, se agrupan en comunidades jerarquizadas y especializadas, trabajan, se reproducen a su estilo, siguen trabajando, mueren.

Puede que debajo de sus hormigueros habiten otros seres más pequeños que de vez en cuando hacen incursiones para apropiarse de los restos de su comida. La hormiga que barre, porque alguna hormiga habrá que barra, les atizará un escobazo y exclamará ¡ mierda!, otra vez andan por aquí esos bichos. Se llevará a cuatro o cinco por delante y luego se irá tranquilamente a ver las noticias en la televisión hormiguil donde se hablará de un accidente bajo una mesa en el que han perecido cuatro hormigas por causas desconocidas. (Es lo que dicen cuando no saben de dónde les viene el golpe).

Y quién sabe si nosotros no seremos para otros  una especie de insectillos molestos y tontos cuyas vidas son bastante lastimosas observadas desde fuera y si nos estudiarán cuando se aburran preguntándose si tenemos inteligencia o no, si somos capaces de sentir tan profundamente y con tanta complejidad como ellos o no. Concluirán que no, que si acaso tenemos inteligencia colectiva pero no individual y nos dejarán en paz siempre que no nos entrometamos en su territorio, masacrándonos entonces sin ningún remordimiento. Catástrofes naturales, diremos a modo de explicación.

Qué nerviosa me estoy poniendo, pobres hormigas que pululan  bajo mi mesa recolectando migas. Que me invadan si quieren, ya no mato más.

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8 comentarios en “Hormigas

  1. Me encanta tu post de hoy. En mi vida he matado ni una hormiga ni ningún otro ser viviente (al menos conscientemente). No soy vegetariana, pero yo de manera directa no mato, es algo que no puedo evitar. La gente siempre me ha tratado de loca. On este tema, pero me da lo mismo. Me alegro de que alguien me entienda por fin!

  2. Ojalá todos pensaran como tú. Pero creo que recibimos golpes y, como las hormigas, rara vez sabemos con certeza de dónde vienen. Claro que, a lo mejor, también las hormigas tienen imaginación.

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