Día: 9 mayo, 2014

El virus

Lo de la Esme es grave, más de lo que me temía. Y lo que es peor, debe de tratarse de un virus muy maligno y con gran poder de difusión porque está contagiando al resto.

Pues no voy y me la encuentro sentada con mucho recato en el interior de su quiosco bordando a punto de cruz un gatito metido en una cesta de flores…

¿A qué es mono?, va y me dice mostrándome la incipiente labor. Y, mira, cuando termine este voy a hacer este otro. Y me enseña el dibujo de otro gatito persiguiendo mariposas.

¡Son lindííísimos!, prorrumpe entusiástica la Norma abandonando el mate sobre un banco y agitando en el aire su propia labor. Mira, estoy haciendo a la Helo Kitty para mandársela enmarcada en rosa a la Marilyn. Y no te pierdas lo que está haciendo Pandora.

Me doy la vuelta asustada ante tanto primor y me topo con la temible escena de la Pandora tejiendo un tapetito de ganchillo, las cartas del tarot pisoteadas por el suelo.

Para el cesto del pan, me explica ella con total normalidad. Luego voy a confeccionar un sombrero para el rollo de repuesto del papel higiénico que queda muy feo tenerlo a la vista.

Hemos entrado en el mundo de las labores y ya no podemos salir, te atrapa, te atrapa y te envuelve. Es un mundo apasionante, me revela con ojos alucinados.

Yo ya lo veo todo a punto de cruz, confiesa La Esme con cara abobada. Veo un árbol y lo bordaría, pájaros y los bordaría, niños y los bordaría. Te veo a ti, Eva, y te bordaría tambien, qué graciosa estarías toda de punto de cruz.

Y lo que relaja, añade la Pandora.

Ya te digo, mejor que un lexatín aunque yo, por si con la costura no era suficiente, me he tomado dos antes de venir.

Has hecho muy bien, todos los recursos son pocos cuando se trata de combatir al al bicho ese de la ansiedad. Te lo digo por experiencia propia, ahora que también te informo que lo mejor es mirarlo directamente a la cara y decirle, venga, listo, cómeme. Verás como no te come. Vaya, ya me he equivocado en un punto, ahora toca deshacer, eso me pasa por dármelas de psicóloga.

Y tu, Eva, ¿qué labor tienes prevista?, me pregunta la Esme con voz soñolienta mirando de cerca y de lejos a su gatito en ciernes.

¿Yoooo? Ninguna, no me gusta coser, la aguja me pincha, el hilo se me escapa y enreda, el trapo me suda entre las manos…

Pues ponte a leer el Ulises,me dice la Esme demostrando que los ansiolíticos no afectan a su natsural vengativo, que seguro que te lo pasas mejor y así no nos hablas ni nos distraes que tenemos que contar los puntos. Uno, dos, tres…este azul tan bonito para esa flor de arriba.

Pues eso mismo voy a hacer, digo enfadada, leer el Ulises para contrarrestrar esas aficiones tan raras que os han entrado de repente, no parecéis mis amigas de siempre. Y lo abro dispuesta a leer aunque me aburra, me pierda, no entienda, me piquen las piernas, me duela la cabeza y todos esos síntomas asociados a tan grande obra.

Pero cuando ya llevaba un rato leyendo y empezaba a comprender algo, me interrumpe la Esme con la siguiente propuesta: ¿y por qué no te haces el Ulises a punto de cruz?, eso sí, tómate tú tiempo.

La miro para ver si pretende tomarme el pelo pero por la expresión alelada de su cara interpreto que no, que se ha vuelto así, de pocas luces, de escaso entendimiento.

Madre, qué virus mas malo han cogido las tres. Yo no quiero contagiarme que acabo cosiendo acericos en forma de búhos y corazones y colgándolos luego en el Pinterest..

Quita, quita, voy a por ti, James Joyce.

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