Día: 16 mayo, 2014

El majo

El Toni tiene un compañero en el bar que es muy majo. Pues qué suerte, pensaréis como pensé yo, porque los compañeros retorcidos te pueden hacer la vida imposible. Pues no, el Toni preferiría tener al lado en sus ocho horas laborales a alguien no tan majo. Dice que tanta majez es insoportable y que le saca de sus casillas. Tampoco es muy difícil sacar al Toni de sus casillas, de hecho yo creo que nunca ha llegado a estar dentro de las casillas esas que, por otro lado, no sé lo que son. El Toni es ser de casillas para afuera, como quién dice.

Pero volviendo al majo, resulta que es un hombre de mediana edad, casado y con dos hijos en edad escolar, de aspecto físico normal, ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, un señor medio con una vida media, de profesión camarero. Lo que le distingue de otros congéneres de su misma especie -léase el Toni- es que siempre está contento, no se enfada por nada y todo le parece bien. El Toni dice que no ve normal ese estado de ánimo tan positivo y lineal y que ese hombre tiene que tomarse alguna sustancia muy potente para mantener, día tras dia y sin alteración esos niveles de felicidad.

Al majo no le perturban los clientes pesados ni los bordes ni los malhumores del jefe ni que haga frío ni que haga calor ni que pierda su equipo de fútbol. El majo entra con la sonrisa puesta y sale con la misma sonrisa inalterada. Que eso no es natural, se pone el Toni, que ese hombre es un robot programado para la felicidad constante  y no un ser humano con los altibajos anímicos propios de su condición.

Pero bueno, Toni, le digo, ¿no tendrás envidia?, mira que es muy feo y muy rastrero el ser envidioso, deberías alegrarte de que exista alguien feliz y que ese alguien, además, esté cerca de ti, ¿o es que preferirías tener de compañero a otro gruñón como tú? La barra daría miedo y no entraría nadie al bar, tenlo en cuenta.

Que no es eso, que él envidia no tiene, que se alegra de que sea feliz y no le desea nada malo al majo pero que no quiere que se lo cuente porque le da dentera y que, además, la comunicación con él es imposible porque parece que habite otro mundo distinto.

Por ejemplo, me explica, si tú al majo le preguntas por sus hijos nunca te va a decir que están muy bien pero que dan mucho la plasta o que desobedecen o que han suspendido alguna;los hijos del majo son unos chavales majísimos que nunca sacan malas notas ni lo dejan todo tirado por los suelos, ni contestan, ni se enganchan a las máquinas y, por si fuera poco son los pichichis de la liga escolar. Si por la mujer, que también es majísima, que trabaja dentro y fuera sin descanso pero siempre está contenta y bien peinada, que los cuatro dan paseítos y comen heladitos, porque el majo utiliza mucho los diminutivos, nunca dice le pongo un pincho sino un pinchito o aquí están sus cañas sino las cañitas, y que qué felices son juntos, que la vida en pareja es maravillosa y le da un codazo cómplice al Toni como para corroborarlo. Además, el majo silba, a todas horas silba unas cancioncillas muy alegres y festivas y, encima, silba bien no es un silbador chapucero, es un silbador majo.

Y que por sin fuera poco ha visto su lema en el whatsapp y que si sé cuál es.

Pues no, cómo lo voy a saber, dímelo tú.

Viva el veranito, me dice mirándome con ojos desorbitados de ira.