Niño de éxito

Pobre Jacobín mío, sus días de triscar y retozar por los céspedes, de mancharse las manos de tierra e incluso comérsela, sus días de cielo, nubes, árboles y barra libre de chuches están contados. Ciertas palabras pronunciadas por su madre a través del teléfono en lo que ella creía que era voz baja me han puesto en alerta.

He oído: habilidades sociales, motricidad fina, estimulación temprana, inteligencia emocional. He oído: trilinguismo, desarrollo de la autoestima, actividades lúdicas, adaptación a las normas, disciplina. He oído guardería, mes de septiembre. He oído y he comprendido, que tampoco hace falta ser muy perspicaz.

Nos separan, irremediablemente. Sabía que ocurriría, no íbamos a estar yendo eternamente al parque, los niños crecen, los no niños envejecen, las circunstancias cambian, todo muda y muta y se transforma, nada permanece. En fin, la vida misma. Pero no esperaba yo que fuera tan pronto, si el Jacobín no cumple los dos años hasta el mes de noviembre. ¿No le podían haber dejado a su libre albedrío y de paso al mío un año más? Qué prisas por hacer de él un niño de éxito.

Luego, mientras quitaba el polvo en el cuarto de la Patricia, o lo movía de su sitio porque el polvo en realidad nunca desaparece, es una comprobación que he he hecho in situ,  he visto un espantoso folleto sobre su  mesilla con el que he confirmado todas mis certezas. Algún depravado había escrito allí lo siguiente: enseñamos a los niños a pensar con patrones lógicos y a hacer frente a la realidad, asi estarán mejor preparado para afrontar los complejos desafíos del mañana. Formamos en el presente para que el niño, proyectivamente, tenga éxito en el futuro.

Tanta pena me ha dado todo lo que le tienen programado a tan tierno y asalvajado infante – inmersión en el inglés, nociones de alemán, rudimentos del chino, iniciación a nuevas tecnologías -tic-, espacio atelier ( ni idea de qué puede ser eso), que he decidido adelantar mi hora de parque. Hoy nos vamos antes, le he comunicado a su madre que tenemos mucho que fracasar.

¿Cómo dices?, me ha contestado confusa apartando la mirada de su pantalla llena de letras.

No, nada, que hoy nos vamos un poco antes que hace muy buen día y así le da el aire.

Pero, ¿has terminado ya con la casa?

Por supuesto, he mentido sin ningún remordimiento, consciente de que va a ser la casa la que termine conmigo porque si al chiquillo le espera la guardería a la vuelta del verano a su institutriz lo que le espera es -otra vez- la cola del paro.

Fracasemos, Jacobín, apuremos nuestro escaso tiempo, seamos libres y felices.

 

Anuncios

6 comentarios en “Niño de éxito

  1. Que Eva esté tranquila. Ninguna madre que se lo pueda permitir prescindiría del servicio, y menos el primer año de guardería, en el que los niños están en casa casi tanto como en el cole de todo lo que enferman. No me quiero imaginar lo mucho que le distraería a la Patricia en su meditación y proceso creativo pasarse el día con el niño enfermo. Por no hablar del engorro del lleva niño, recoge niño…. Lo que sí peligra es el parque…..

      1. Sí, sí. Al menos, mientras no esté enfermo puede prepararse a fondo para el mundo competitivo que le espera, y dejar de perder el tiempo jugando como un niño 🙂

  2. También siento pena por las infancias de hoy. En realidad aprendemos cuando queremos, no es necesario empezar tan niño. Acortan las infancias y no sé para qué. Quizás tenemos prisa por dejar cualquier estado que se parezca a la felicidad y luego decimos que nos pasamos la vida buscándola.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s