Día: 4 junio, 2014

Urgencias

-Las del mostrador: así llamadas porque te atienden o desatienden detrás del mismo. Su grado de empatía es inversamente proporcional al tiempo que lleven trabajando. Las que nos atendieron/desatendieron ayer al Toni y a mí debían de ser muy veteranas. Nulo contacto visual e intercambio de informaciones entre ellas muy fundamentales: me puse medias para la comunión, le pongo nuez moscada a las croquetas.

-El impaciente: golpea el suelo con los zapatos, tabletea con los dedos en la silla, mueve sin cesar una pierna, tensa las mandíbulas, se levanta muchas veces y va al mostrador, vuelve a su sitio para seguir pateando el suelo, se agarra la cabeza entre las manos, protesta en voz alta del mal funcionamiento de todo. Si no estabas nervioso ahora ya lo estás gracias a él.

-El sufridor silencioso: se encuentra muy mal y tiene dolor, también tiene miedo. Cierra los ojos y no mira a nada ni a nadie.

-El sufridor ruidoso: también tiene dolor y lo manifiesta a gritos, llora, gime y se desespera. Consigue que le pregunten por su mal, que le agarren la mano, que le consuelen, que los que están mal piensen que tampoco están tan mal comparados con él, que el impaciente se levante a protestar otra vez al mostrador reclamando ayuda, esta vez no para él,  que el silencioso abra los ojos con susto, que las del mostrador dejen de hablar medio minuto de medias y croquetas.

-La familia de pic-nic: acuden todos juntos aunque solo a uno le pasa algo, es difícil saber cuál de ellos es el que necesita un médico porque se muestran todos bastante felices y distendidos. Los niños comen doritos e impregnan toda la sala del olor, el padre aprovecha para preguntar la lección a uno de los hijos, la madre llama a una amiga por teléfono y le cuenta que en junio ya no hay colegio por las tardes y a ver qué hacen ahora. Y así van pasando el rato.

-El viejo con demencia: está sentado en una silla de ruedas, a ratos se duerme y a ratos abre el ojo. No sabe dónde está pero considera el medio hostil y hostiles a sus moradores. Masculla palabrotas que hacen reír a los niños de los doritos. Va acompañado de una hija con cara de pena que mira hacia la pared.

-El tiempo: le gusta jugar al juego cruel de hacerse el estancado. No pasa, no fluye, no se mueve. Nunca saldrás de la sala de urgencias. Es mentira, te toma el pelo, cuando ya empezabas a entender el concepto eternidad dicen el nombre que esperas oír.

-La tregua: el Toni, de momento, no se muere o, por lo menos, no de lo que él creía que se iba a morir ayer.