Día: 6 junio, 2014

Reality

Con el buen tiempo, -perdón, Toni-, con el asqueroso y repugnante calor, tenemos que abrir las ventanas de nuestra habitación con vistas a patio para que entre algo de brisa que nos refresque los sueños. Pero lo que entra no es la brisa que debe de haberse perdido por algún lugar marítimo. Lo que entran son las vidas de nuestros vecinos en todo su esplendor.

Déjate tú de realitys si ya los tenemos nada más abrir la ventana. Bien tumbados sobre nuestro lecho disfrutamos del devenir y transcurrir de las vidas ajenas sin necesidad de mando a distancia. Oímos la desesperación, manifestada a través de gritos y amenazas, de los padres de tres niños porque a esas altas horas de la noche aún no han conseguido que se duerman, oímos las carreras de los tres muchachos por los pasillos tomando el pelo a sus progenitores, escuchamos largas conversaciones en chino, disfrutamos de los ronquidos del señor del cuarto que, como está sordo, ha logrado dormirse y nos solazamos con los arrastrares de sillas, muebles y puede que hasta cadenas de los del quinto, muy aficionados a las mudanzas de medianoche.

El Toni se desespera, se levanta, se asoma al patio, digo yo que para ver y no solo oír el reality, vuelve a la cama, protesta más, se indigna, me recuerda lo bien que estaríamos en el pueblo, se lamenta de lo largo que es el verano y de que la función no ha hecho más que empezar, se levanta otra vez a perseguir mosquitos con una camiseta sucia, va al baño y luego a la cocina a beber agua. Vuelve y cuando ya parece que los ruidos se van amortiguando, alguien, intuyo que es el de abajo, nos da golpes con una escoba porque, al parecer, las pisadas del Toni descalzo, se asemejan mucho a la de los elefantes.