Reality

Con el buen tiempo, -perdón, Toni-, con el asqueroso y repugnante calor, tenemos que abrir las ventanas de nuestra habitación con vistas a patio para que entre algo de brisa que nos refresque los sueños. Pero lo que entra no es la brisa que debe de haberse perdido por algún lugar marítimo. Lo que entran son las vidas de nuestros vecinos en todo su esplendor.

Déjate tú de realitys si ya los tenemos nada más abrir la ventana. Bien tumbados sobre nuestro lecho disfrutamos del devenir y transcurrir de las vidas ajenas sin necesidad de mando a distancia. Oímos la desesperación, manifestada a través de gritos y amenazas, de los padres de tres niños porque a esas altas horas de la noche aún no han conseguido que se duerman, oímos las carreras de los tres muchachos por los pasillos tomando el pelo a sus progenitores, escuchamos largas conversaciones en chino, disfrutamos de los ronquidos del señor del cuarto que, como está sordo, ha logrado dormirse y nos solazamos con los arrastrares de sillas, muebles y puede que hasta cadenas de los del quinto, muy aficionados a las mudanzas de medianoche.

El Toni se desespera, se levanta, se asoma al patio, digo yo que para ver y no solo oír el reality, vuelve a la cama, protesta más, se indigna, me recuerda lo bien que estaríamos en el pueblo, se lamenta de lo largo que es el verano y de que la función no ha hecho más que empezar, se levanta otra vez a perseguir mosquitos con una camiseta sucia, va al baño y luego a la cocina a beber agua. Vuelve y cuando ya parece que los ruidos se van amortiguando, alguien, intuyo que es el de abajo, nos da golpes con una escoba porque, al parecer, las pisadas del Toni descalzo, se asemejan mucho a la de los elefantes.

 

12 comentarios en “Reality

  1. Lo que tu dices, pura realidad, pero tambien según qué estilo de personas. Así he vivido yo en Graná durante varios años. Lo bueno y lo malo. Se escuchaban cosas como ‘llama a tu padre, que te voy a matar’. Claro dices algo, en plan solidaridad, y al otro día tienes el coche rayado y quemado con un hierro de barbacoa. He vivido cosas insólitas, como, por ejemplo, vecinos adolescentes que entraba a mi casa por el balcón a través del techo. Denunciar ‘niños’ me causa un conflicto ético. Respecto a los olores, todo depende de quien cocina. He tenido , por suerte, vecinas con mucha arte para cocinar. A mi los guisos ajenos, con ajo sufrito, sin pasarse, me despiertan el hambre. Pero hay otros olores más malucos. Uno de ellos es ‘a nido’ y otro el de 1 kilogramo de suavizantes por colada. Me encantó el post. Un besote, guapa.

    1. Veo que sabes mucho de realitys y casi que los tuyos son más intensos. Me ha gustado mucho el vestido con cerezas para recoger cerezas, muy apropiado. Otro beso para ti, Rosa.

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