Veranos, síndromes

La Patricia, mi jefa y señora, ya me ha hecho la proposición que estaba esperando y temiendo a la vez: quiere que sea su sombra veraniega, es decir, que la acompañe doquiera que se traslade para descargarla así de ciertas pesadas obligaciones que estropearían su asueto y su relajo. Tiene gracia que tenga que relajarse de la propia relajación aunque, en realidad yo no conozco,  y no será porque no me lo he propuesto, sus mundos abisales y tal vez lo que yo percibo como vida relajada en la superficie es una pura ansiedad en las profundidades.

Lo que no me ha concretado todavía es dónde voy a tener que desplazarme con ella y su familia, al parecer está debatiendo destinos con el husband y eso la tiene bastante alterada porque ya sabéis que los gustos y aficiones de ese matrimonio van por sendas opuestas, si al final va a tener razón la Pandora en que la cápsula del amor se vierte sobre cualquier cabeza nos convenga o no, seamos afines o no.

El Toni y yo tampoco tenemos eso de las afinidades, para él sus vacaciones ideales son no salir del pueblo, subirse al monte y bajar de él lo menos posible, si pudiera transmutarse en pino lo haría pero no puede, para otra vida tal vez, te esperas, majo . A mí me gustan esas playas que salen en los informativos cada verano abarrotaditas de gentes y donde huele más a cremas que a mar. Me divierto observando las actividades playeras de las muchedumbres, mirando cuerpos y comportamientos y escuchando coversaciones, risas y gritos con el sonido de las olas de fondo. El  Toni dice que si tuviera que hacer una descripción del infierno sería esa y que yo tengo unos gustos ordinarios y pueblo llanescos a más no poder.

Pues anda que tú con el fútbol….

Que eso no es igual, que el fútbol tiene su mística, me salta

Pero, además, ¿no era la calle Goya y el metro en hora punta lo que te recordaba a los infiernos?

Que eso también, que el  infierno tiene muchas facetas, es muy poliédrico.

De todas formas por las vacaciones no nos vamos a pelear porque gracias  a nuestro presupuesto, a carecer del mismo, me refiero, no tenemos opciones que barajar ni dilemas turístucos que resolver. Yo voy a trabajar y el Toni, menos dos semanas en agosto en las que tratará de arborizarse creo que sin éxito, también.

Mira, una ventaja que le veo es que nos quitamos el síndrome ese post vacacional de la vuelta. Para todo se  inventan síndromes y malestares. Para irse, para volver, para quedarse y, sobre todo, para ser y estar. De entre todos los posibles ese el peor y el más grave porque se te ancla y no te lo despegas hasta que dejas de conjugar esos dos verbos y cualquier otro en realidad, lo cual tampoco tiene gracia.  Pero eso no lo digo yo sino el Toni que es un hombre altamente sindrómico.

 

 

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11 comentarios en “Veranos, síndromes

  1. Excelente.
    ‘(..) quiere que sea su sombra veraniega’. Jajaja, tal cual me lo ha relatado una amiga mia quien trabaja para un familia con segunda casa en una de estas playas de Almería. A ella casi que ni la dejaron bañarse. Te espera un verano sufrido.
    Beso sindrómico.

  2. El lenguaje de la psicología, de la política y de todos los que van de innovadores, llevado a las conversaciones de la gente. Pero la tele todo lo pone de moda y nos sentimos muy bien utilizando esas palabras tan modernas que oímos. Y qué bien lo describes, como si no quisieras decirlo…

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