Mes: junio 2014

Reality

Con el buen tiempo, -perdón, Toni-, con el asqueroso y repugnante calor, tenemos que abrir las ventanas de nuestra habitación con vistas a patio para que entre algo de brisa que nos refresque los sueños. Pero lo que entra no es la brisa que debe de haberse perdido por algún lugar marítimo. Lo que entran son las vidas de nuestros vecinos en todo su esplendor.

Déjate tú de realitys si ya los tenemos nada más abrir la ventana. Bien tumbados sobre nuestro lecho disfrutamos del devenir y transcurrir de las vidas ajenas sin necesidad de mando a distancia. Oímos la desesperación, manifestada a través de gritos y amenazas, de los padres de tres niños porque a esas altas horas de la noche aún no han conseguido que se duerman, oímos las carreras de los tres muchachos por los pasillos tomando el pelo a sus progenitores, escuchamos largas conversaciones en chino, disfrutamos de los ronquidos del señor del cuarto que, como está sordo, ha logrado dormirse y nos solazamos con los arrastrares de sillas, muebles y puede que hasta cadenas de los del quinto, muy aficionados a las mudanzas de medianoche.

El Toni se desespera, se levanta, se asoma al patio, digo yo que para ver y no solo oír el reality, vuelve a la cama, protesta más, se indigna, me recuerda lo bien que estaríamos en el pueblo, se lamenta de lo largo que es el verano y de que la función no ha hecho más que empezar, se levanta otra vez a perseguir mosquitos con una camiseta sucia, va al baño y luego a la cocina a beber agua. Vuelve y cuando ya parece que los ruidos se van amortiguando, alguien, intuyo que es el de abajo, nos da golpes con una escoba porque, al parecer, las pisadas del Toni descalzo, se asemejan mucho a la de los elefantes.

 

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Simbiosis

A la puerta de unos grandes almacecenes  por los que paso cada mañana cuando llevo al Jacobín al parque, un hombre ha instalado su despacho. Se sienta en una silla de oficina vieja y se apoya en una caja de cartón con el logo de esos mismos grandes almacenes. Sobre la caja mesa hay muchos libros de temáticas diversas: teoría de la comunicación, astronomía, un diccionario ingles/español, historia de las guerras mundiales, botánica. Todo un compendio de distintos saberes.

El hombre se pone sus gafas y lee, bebé café de una taza, anota conceptos en un cuadernillo, subraya algunos, los repasa, mira hacia el frente por donde ve venir los incesantes gentíos que se dirigen hacia las puertas de los almacenes que los engulle y vomita a cada momento. Algunos se paran y le dan unas monedas que él no ha pedido pero acepta. Otros quieren comprar los libros, no ha tenido más remedio que colocar un cartel sobre la mesa de su despacho que dice con letras bien grandes: no vendo libros. Todo hay que explicarlo.

Los grandes almacenes se han portado bien con él, lo dejan utilizar su esquina como repisa, le regalan cajas y libros viejos y él quiere corresponder, establecer una relación no de parasitismo sino de simbiosis. Por eso, sobre una de las maletas con ruedas que tiene detrás de la mes ha colocado otro letrero haciendo publicidad con estas elogiosas palabras: “El “CI” es un gran amigo de la inteligencia y las bellas artes siempre dispuesto a ayudar a las personalidades fuertes. Entre y compre sus libros porque solo la lectura le dará lo que está buscando”.

Los gentíos apresurados, que no lo saben porque no se han detenido a leer el cartel,  siguen buscando y buscando con desasosiego, entrando y saliendo, subiendo y bajando y cruzando delante de él. Los autobuses le envuelven en nubes de humo negro y él, cuya personalidad es fuerte,  lee, bebe, escribe, mira, es mirado, vuelve a leer.

Urgencias

-Las del mostrador: así llamadas porque te atienden o desatienden detrás del mismo. Su grado de empatía es inversamente proporcional al tiempo que lleven trabajando. Las que nos atendieron/desatendieron ayer al Toni y a mí debían de ser muy veteranas. Nulo contacto visual e intercambio de informaciones entre ellas muy fundamentales: me puse medias para la comunión, le pongo nuez moscada a las croquetas.

-El impaciente: golpea el suelo con los zapatos, tabletea con los dedos en la silla, mueve sin cesar una pierna, tensa las mandíbulas, se levanta muchas veces y va al mostrador, vuelve a su sitio para seguir pateando el suelo, se agarra la cabeza entre las manos, protesta en voz alta del mal funcionamiento de todo. Si no estabas nervioso ahora ya lo estás gracias a él.

-El sufridor silencioso: se encuentra muy mal y tiene dolor, también tiene miedo. Cierra los ojos y no mira a nada ni a nadie.

-El sufridor ruidoso: también tiene dolor y lo manifiesta a gritos, llora, gime y se desespera. Consigue que le pregunten por su mal, que le agarren la mano, que le consuelen, que los que están mal piensen que tampoco están tan mal comparados con él, que el impaciente se levante a protestar otra vez al mostrador reclamando ayuda, esta vez no para él,  que el silencioso abra los ojos con susto, que las del mostrador dejen de hablar medio minuto de medias y croquetas.

-La familia de pic-nic: acuden todos juntos aunque solo a uno le pasa algo, es difícil saber cuál de ellos es el que necesita un médico porque se muestran todos bastante felices y distendidos. Los niños comen doritos e impregnan toda la sala del olor, el padre aprovecha para preguntar la lección a uno de los hijos, la madre llama a una amiga por teléfono y le cuenta que en junio ya no hay colegio por las tardes y a ver qué hacen ahora. Y así van pasando el rato.

-El viejo con demencia: está sentado en una silla de ruedas, a ratos se duerme y a ratos abre el ojo. No sabe dónde está pero considera el medio hostil y hostiles a sus moradores. Masculla palabrotas que hacen reír a los niños de los doritos. Va acompañado de una hija con cara de pena que mira hacia la pared.

-El tiempo: le gusta jugar al juego cruel de hacerse el estancado. No pasa, no fluye, no se mueve. Nunca saldrás de la sala de urgencias. Es mentira, te toma el pelo, cuando ya empezabas a entender el concepto eternidad dicen el nombre que esperas oír.

-La tregua: el Toni, de momento, no se muere o, por lo menos, no de lo que él creía que se iba a morir ayer.

Abdicación

Ya de lejos veo a la Esme utilizando el trapo del gatito para hacerme señas, lo agita tanto que se le va a descoser, ¿qué ocurrirá? porque la Pandora también iza y hace ondear al viento su ecografía abdominal dirigiéndose a mí que avanzo sorteando casetas y escritores. Solo la Norma permance impasible mate en ristre.

¿No te has enterado todavía?, me pregunta Esmeralda presa de una gran excitación.

¿De qué, qué os pasa hoy por la mañana?, estáis muy nerviosas, vale que estamos rodeadas por la feria del libro, vale que nunca habíais visto tanta página impresa junta, ni tantos escritores, ni tantos seres mediáticos firmando bodrios, de acuerdo con que esa megafonía continua anunciando quién firma y dónde es molesta pero, vamos, que tampoco lo veo para ponerse así.

La Feria del Libro, dice, pues no estamos nosotras dos precisamente poco curtidas en ferias del libro, si llevamos años en este parque, pasamos ampliamente de feria, está claro que no lo sabes. El Rey, hija, nuestro Rey que acaba de abdicar. Menudo bombazo, me informa la Esme retorciendo el trapo del gato entre sus manos sudorosas.

Yo lo veía venir, a mí sorprenderme no me ha sorprendido e importarme tampoco mucho porque qué queréis que os diga yo soy más de república que de monarquía. España mañana será republicana, entona la Pandora con gran motivación.

¿Te quieres callar, Pandora? Nadie te ha preguntado por tu modelo ideal de Estado y además que los agentes nos tienen fichadas y si encima les das motivos…

Huy, Esmeralda, qué monárquica te veo y no sé por qué, con lo pueblo llana que tú eres, replica la Pandora, me estás decepcionando. Además que hay libertad de expresión y yo digo lo que quiero. España, mañana….

Es un momento histórico, paletas, ¿no os dais cuenta de que todo está más en el aire que nunca? Una España sin rey Juan Carlos ya nunca será la misma.

Qué tonterías estás diciendo, nada es nunca lo mismo, o ¿es que no te acuerdas de Heráclito y su río? Si el hombre estaba pasando por un largo proceso de debilitamiento de su salud, como dicen en los periódicos, o, como digo yo, que se ha hecho viejo y ya no está para trotes pues, hale, a tomar sopas. Si ahora nos van a poner al hijo, tú por la monarquía no te preocupes, Esme, que es como la mayoría de las enfermedades: hereditaria.

Pues yo estoy inquieta, os veo tan tranquilas, tan a lo vuestro, a la Norma la comprendo porque no es de aquí y en su país no hay reyes que yo sepa pero a vosotras….yo hoy cierro el quisoco que esta noticia me ha dejado descolocada, no me centro, no me hallo. Voy a darme un rule por las redes sociales a ver qué cuentan.

Cualquier excusa es buena para abandonar los aburrimientos cotidianos,  ríe entre dientes la Pandora. Y tú, Eva, ¿estás afectada?, me dice para enterarse de qué pie cojeo.

Eduardo Aldán firma en la caseta quince su primer libro “Espinete no existe”, anuncia una alegre voz por la megafonía indiferente al momento histórico.

Y yo, por lo que pueda pasar, he sacado mi bocadillo y me dispongo a comerlo que a media mañana me rugen las tripas y el hambre y las abdicaciones no tienen nada que ver.