La ruta del bacalao

La doña Perfect se aburre. Añora sus jaleos madrileños, sus calles repletas de gentes yendo y viniendo, sus tiendas y cafeterías y las partidas de cartas con sus amigas. Los paraísos están muy bien pero con coche para poder escapar de ellos y ella no conduce.
Una vez rezado el ángelus y charlado su rato con Pilina, la amiga a la que relata sus inquietudes, ya no tiene nada más que hacer. Pilina, hija, esto es una jaula de oro, parece que las horas no pasen, le he oído decir.

Por eso, con el objetivo de dar un empujón a las horas, ha decidido utilizarme para que la acompañe a la ruta del bacalao. Que no es que se vaya a dar a estas alturas de su vida a las marchas nocturnas, lo del bacalao es literal, que se le ha metido entre ceja y ceja que es una urgencia de vida o muerte aprovisionarse de esa especie marina.
¿Dónde compráis aquí el bacalao?, me interroga sorpresivamente como si yo fuera a saber responder a semejantes especializaciones culinarias.

No importa, dice luego, tú llevas el carro y me sigues que, total, hasta el pueblo más cercano no hay tanta distancia y así damos un paseo. Al niño que lo vigile Svetlana. Vamos.
Y hemos ido, qué remedio, atravesando campos y carreteras, yo tirando del carro y ella aprovechando la desolación de los parajes para contarme anécdotas de su vida, todas ellas muy gloriosas. Mucho caso no le hecho, bastante tenía con evitar los pedruscos del camino y la deshidratación inminente pero he oído palabras como ministro, militar, condecoraciones, yates, teatro de la ópera y qué se yo. Cada palabra que decía era para presumir de algo. Ya ves tú, presumir ante mí, cuatro urracas y un encinar, qué pérdida de tiempo y energías.
Por fin hemos llegado al pueblo más cercano y ahí es donde de verdad ha empezado la ruta del bacalao y la de muchos otros alimentos. Porque la Perfect no compra todo en el mismo sitio, sino que cada producto hay que adquirirlo en un establecimiento concreto.Hemos hecho la ruta del jamón de york, la del gel de baño, la del pan de molde integral y la de la mermelada de ciruelas. Bacalao no ha encontrado de su gusto así que ya me ha avisado que mañana volveremos de pesca.
¿Y no sería más fácil comprarlo todo junto en el súper de la urbanización?, le he preguntado a la vuelta mientras arrastraba campo a través y a pleno sol el pesado carro.
Fácil sí -me ha contestado ella- pero se me acabaría la diversión.

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4 comentarios en “La ruta del bacalao

  1. Para muchas señoras la compra es el mejor momento para hacer vida social. Los compradores que somos callados a veces comprendemos sus ganas de hablar y casi las compadecemos pero cuando se pasan, que suelen hacerlo, en sus conversaciones interminables, también nos suscitan un poco de odio salvaje, callado e iracundo. Especialmente en lo sitios que hay que guardar turno. En el fondo los compradores taciturnos tenemos ocasión a diario para ejercitarnos tanto en la comprensión como en la contención.

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