Los bellezos

Han venido a pasar unos días unos sobrinos de la Patricia y nietos de doña Perfect. Son dos muchachos en edad adolescente que su abuela me ha presentado como “mis bellezos”. Yo no digo que sean feos, son altos, bronceados, atléticos y de sonrisas muy alineadas por la ortodoncia. Vamos, que guapos son pero me ha tocado arreglar sus cuartos y han dejado de parecérmelo. Y eso que yo soy desordenada pero es que los bellezos no deben de saber lo que es el concepto armario.

Madre mía, los roperíos que tenían sembrados por los suelos con la esperanza, tal vez, de que de semejantes simientes brotara nueva ropa de marca. Durante el día, los bellezos se enchufan cada uno a una máquina, se colocan en la cabeza unos cascos para lograr un aislamiento completo del mundo real y se adentran en sus vidas virtuales mucho más interesantes que la convivencia con tías,abuelas, primos pequeños y chachas. Lo mismo les da a los chiquillos estar en un entorno paradisiaco que en una cueva infecta, ellos no miran los árboles ni los cielos ni los pájaros ni la luna. Ellos solo miran sus pantallas donde, digo yo que habrá más de todo eso y mucho mejor.

De vez en cuando bostezan con cansancio y estiran sus entumecidos cuerpos que la perpetua conexión es agotadora, hay que entenderlo. Su lugar de preferencia es el sofá donde se desparraman todo lo largos que son (lo son bastante) . Cuando por alguna necesidad biológica imperiosa tienen que abandonar el sofá, se tiran primero al suelo para no entrar en contacto tan rápidamente con la posición vertical, tan molesta ella.

La frase preferida de ambos a cualquier requerimiento exterior es “un momento” tras el cual momento no sucede nada porque viene otro momento y detrás de ese otro. Luego, cuando por fin se reúnen con personas de carne y hueso como por ejemplo en la mesa para comer, les entran violentos ataques de risa y hacen bromas y chistes que solo ellos comprenden. El Jacobín también se ríe mucho aunque no sepa de qué y se tira junto a ellos por los sofás imitando sus posturas zangolotinas.

Ayer, por fin, a última hora de la tarde, la Perfect y la Patricia consiguieron que los bellezos abandonaran sus pantallas y salieran a explorar el mundo exterior. Mucho les debió cautivar lo que hallaron porque no han vuelto hasta las seis de la mañana en un estado que no me atrevo a calificar por no acusar a los chavales injustamente de nada.

Tía y abuela comentaban su comportamiento acodadas en la barandilla de la terraza.  Patricia, muy comprensiva ella y seguramente recordando su no tan lejana juventud bastante disoluta por lo que ella misma cuenta en su libro autobiográfico, ha dicho que era normal y propio de su edad pero la Perfect refunfuñaba. Lo que tú quieras pero a ver si se van pronto estos zánganos porque es lo único que nos faltaba. Zánganos, ya nada de bellezos.

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6 comentarios en “Los bellezos

  1. La realidad virtual (semejante contradicción) impera. Puede que un día no sepamos ni mirar un árbol si no es mediante un aparato. Pero, en general, y desde siempre ,una persona con un aparato cualquiera tiene preferencia ante una persona que no use ninguno.

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