De juerga

A última hora del día, cuando empieza a anochecer y salen los murciélagos a cazar mosquitos con su vuelo atolondrado, a la Svetalana y a mí nos dan vía libre para que salgamos a dar una vuelta.

Y salimos aunque sin saber muy bien por dónde. Hay un lugar que llaman club social donde los habitantes del lugar se reúnen a cenar, tomar copas o charlar pero a las empleadas domésticas nos está vedado. No lo pone en ningún cartel ni nadie nos ha dicho que no nos podamos sentar en sus mesas pero lo sabemos, no seríamos bienvenidas.

Damos una vuelta por los jardines que son muy bonitos pero enseguida nos aburrimos porque en los jardines no hay nadie salvo los aspersores zumbando a todo trapo y un vigilante fornido que hace la ronda. Así que salimos del recinto verdiazul y desembocamos en una carretera que nos lleva a ninguna parte.

La Svetalana no es que sea una compañera de paseos muy entretenida, en parte por sus dificultades con el idioma y en parte también por su propio carácter un tanto siniestro.
Mucho polvo por aquí, dice señalando un camino de cabras que se sale de la carretera. Y mucha pelusa, añade señalando unos vilanos enormes. Como me descuide se trae la aspiradora y se la pasa al campo.

Nosotras muy mala suerte: no nadie, no luces, no tiendas, no bares, no hombres.
Desde luego que fiesta por aquí no vamos a encontrar pero, hija, podemos hablar entre nosotras. Por ejemplo, cuéntame algo de donde vives para que me ilustre yo de otros países.
Muy bonito cerca mar Negro pero no dinero, mucho pobre, yo dos hijas y dos nietos, me vengo a España y ahora aquí también pobre, yo no suerte, poco dinero y ya cincuenta.

¿Cincuenta qué?

Cincuenta años. Todo difícil con cincuenta años y fumo.

Eso ya lo veo porque desde que hemos salido no has parado de echar humo.

De día solo trabajo fumo no, de noche fumo todo.

Y ahí se ha acabado la conversación porque la Svetlana entra en silencios muy profundos después de hacer el esfuerzo de expresarse en lengua ajena, estará tomando fuerzas para la próxima parrafada.

Oye, que si quieres te enseño español. Por ejemplo, esto es un río o un riachuelo mejor dicho y eso la luna.

Luna ya sé, me contesta, lo otro no.

Pues vaya qué bien nos lo pasamos, mejor volvemos que hace frío y no se ve un alma.

Alma no sé, ¿dónde cosa alma?

Si lo supiera te lo diría pero no lo tengo claro.

¿Qué, de juerga, eh?, nos salta la doña Perfect a la vuelta.

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4 comentarios en “De juerga

  1. Más que de vacaciones es como sí estuvieras en un campamento de esos de meditación y recogimiento. Vas a volver nueva (y deseando pillar al Toni y una cerveza fresca)

  2. Te entiendo. Trabajé de joven en un hotel para pagarme los estudios. Cuando libraba no me dejaban entrar en el bar a tomar una cerveza. Y eso que trabajaba los siete días de la semana de 8 de la mañana a 10 de la noche. Libraba los jueves de 3 a 7 de la tarde. Por eso me digo que los tiempos han cambiado a mejor. Aunque, por lo que se ve, a algunos les gustaría mucho volver a aquello. Pero qué bien entiendo casi todo lo que cuentas.

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