Repeticiones

Al igual que en Madrid llevaba al niño al parque cuando terminaba mis domésticos cometidos, aquí lo llevo a la piscina. Hay varias piscinas y una está especialmente ideada para los pequeños porque no cubre y ellos pueden chapotear con poco peligro. Poco pero no ninguno que el ahogamiento no está descartado y por eso no puedo dejar de mirarlo.

Mi atención tiene que estar concentrada en un punto y solo en uno: el Jacobín en remojo. Para ello me siento en el borde e introduzco los pies en esas aguas compuestas a partes iguales de cloro y pis. A veces tengo que meter algo más que los pies si el niño decide explorar esta procelosa piscina.

El caso es que al Jacobín no lo veo yo como un gran explorador de océanos, el agua le gusta regular pero lo que sí le atrae, y mucho, es subir y bajar escalones, los tres que tiene la piscina para ir entrando poco a poco. Baja uno, se detiene un rato y mira a su alrededor satisfecho de su hazaña, baja el siguiente con sus pies regordetes y me mira buscando mi aprobación. Yo le aplaudo y él se pone muy contento y cobra impulso para bajar el tercero y último. Una vez ahí grita biennnnn, biennnn y chapotea pleno de felicidad.
Cominza el ascenso que es exactamente igual que el descenso, en el primer peldaño se para, en el segundo le aplaudo y en el tercero grita biennnn, biennnn pero ya no chapotea porque está fuera del agua. Esa es la única variación sobre el mismo tema.

Y así las dos horas que pasamos en la piscina, baja los tres escalones, los vuelve a subir, repite la operación y la repite y repite y repite. He intentado distraerle con otros juegos acuáticos lanzándole pelotas, llenando cubos con agua y volcándolos luego, poniendo a navegar patitos y barquitos. Que no, que él no se quiere dispersar ni alejarse de su objetivo máximo vital: ser un virtuoso del descenso y ascenso de escalones piscineros.

Mientras tanto el sol me pega de pleno en la espalda y unos niños, desde otra piscina una poco más grande, juegan a un jueguito que me pone los nervios de punta. Uno dice Marco! Y el otro le contesta Polo! Y así sin parar ellos también. He intentado comprender el mecanismo del juego pero, bien porque estoy de espaldas, bien porque no tiene mecanismo alguno, no lo he conseguido.
Marco, Polo, bieeeennn, aplaudo, Marco, Polo, biennnn, aplaudo….la vida está hecha de repeticiones, la naturaleza es repetitiva por lo que si me repito en el blog tendréis que comprender que obedezco a leyes naturales y, por mucho que quiera, no siempre puedo apartarme de ellas.

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5 comentarios en “Repeticiones

  1. Lo de marco polo va de que el que grita marco liga y está de espaldas al resto o con los ojos tapados. Los otros contestan polo y por el sonido de las voces les tiene que pillar. O algo por el estilo.

    1. Jajaja, gracias Patricia por aclararme en qué consiste el juego, ahora ya le encuentro más sentido, los niños no estaban locos como ya empezaba a creer. Besos y ánimo con la jefa perfeccionista.

  2. La Naturaleza es repetitiva y ordenada pero a algunos también les gustaría organizarla a su gusto. No hay más que ver que nos han cambiado la hora. Nada más que porque quieren, oye.

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