Día: 24 julio, 2014

Deconstruyendo

Si repites muchas veces una palabra deja de tener significado. Por ejemplo, luna. luna, luna, luna, luna muchas veces y luna ya no es el satélite de la tierra que pone misterio y encanto a nuestras noches. Luna ya no es nada, palabra libre y hueca que cada uno puede rellenar a su antojo.

Si te miras mucho rato en el espejo o si observas detenidamente una porción de ti, ocurre un fenómeno parecido. Qué extraño es un pie cuando deja de serlo, qué rareza es una cara con sus orificios y protuberancias, qué alucinante resulta una boca hablando.

La deconstrucción del mundo es un pasatiempo muy entretenido que aconsejo a cualquiera invadido por el hartazgo, es un poco como cuando eras pequeño y te ponías cabeza abajo para verlo todo desde otra perspectiva.

A deconstruir me he puesto mientras hacía mi maleta, porque en breve abandono los paraísos verdiazules, me he deshecho a mí misma de arriba a abajo. Ya no era Eva haciendo un equipaje, con su cansancio y su desamor y sus ganas de ser feliz, no sé lo que era, tal vez no era nada, por unos instantes he dejado de ser y, liberada de mí misma, he sentido un gran alivio. Qué tontas me han parecido vistas desde fuera mis penurias y preocupaciones, qué nueva me he sentido, qué deconstruída.

Me voy al pueblo a descansar en casa de mis padres, volveré a ser hija por unos días, puede que ya no me guste ser hija otra vez o puede que sí pero, de pronto, ya no me ha importado. Tengo el sistema: una buena sacudida, un montaje distinto de las mismas piezas y la posibilidad de ser de nuevo.

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